LÍNEA DE FONDO

Jesús / Guerrero / Jguerrero@diariodecadiz.com

Reflexiones sobre competitividad

En el deporte y en los negocios, el ser competitivo es básico, pero a veces se confunde o se utiliza de modo erróneo

LA competitividad es un término de esos que se ponen de moda, que de repente no paran de escucharse gracias al tintineo de la crisis, ese fantasma que nos acompaña como una sombra. Que una economía, o una empresa en menor escala, persigan la competitividad es un objetivo de perogrullo en la actualidad, un concepto cool que no puede faltar en las perspectivas a medio y largo plazo de una compañía. En muchos casos, no tiene contenido, solo es una palabra vacía que representa intencionalidad, sin medidas que vayan en su búsqueda. En otros casos, la competitividad se usa como mero eufemismo para no hablar de recortes, ajustes o hacer más con menos.

En el deporte la competitividad se conoce desde hace mucho más tiempo. Pero tiene matices diferentes. Un equipo es competitivo cuando es capaz de jugar de tú a tú a su contrincante, cuando tiene opciones de ganar una competición o de conseguir su objetivo. No se trata de hacer el mejor equipo con el menor presupuesto, aunque también. El Real Madrid o el Barcelona, si lo ejemplificamos con un club, además de un negocio, son equipos muy competitivos y no escatiman en gastos para conseguirlo.

El que se pueda conseguir una mayor producción, tener más éxito, más premios o llegar a la excelencia -otro término de moda que suena como un eco- con un menor esfuerzo, menor sacrificio, con menos dinero o recursos es un fin encomiable. El problema viene cuando hay que poner todo eso en una balanza. Es una simple fórmula matemática en la que hay que valorar si el resultado merece la pena. Me explico: un equipo deportivo nunca saldría a competir con un jugador menos que el contrario porque estaría en clara desventaja. Una expulsión no es más que una simple manera de sancionar. El ahorro de esfuerzo o de recursos no merece la pena si el resultado te hace menos competitivo. Y la falta de competitividad te hace bajar de división, en los deportes y en los negocios.

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