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CON todo mi respeto a una materia que me parece apasionante, a la ciencia política, que no sé por qué es ciencia, nunca le he visto demasiadas salidas laborales. Uno podría pensar que los politólogos estudian para ser políticos, que no es así, porque es una carrera que tiene mucho intrusismo. En su día, en las elecciones locales, el principal intrusismo venía de los maestros, por lo que los politólogos hacían muy bien en meterse a profesores de secundaria. Aunque lo que principalmente hacían los politólogos, su verdadera función, era observar a los políticos. Ahora los politólogos han pasado a la acción. La salida lógica laboral de un politólogo es entrar en un círculo de Podemos. Podemos y sus dirigentes politólogos los acogen con los brazos abiertos. Jerez y Arcos, por ejemplo, tienen candidatos politólogos, gente que sabe de política y ha estudiado lo que hacen los políticos. Por tanto, en un símil, el científico se ofrece a hacer cirugía. Veremos si el paciente se deja, aunque en sí no tiene nada de extraño porque de todo se ha visto haciendo política, incluso a gente que no es politóloga y que en su vida no ha sido otra cosa que político. Y así se nos ha quedado más de una geografía urbana.
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