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NADIE sabe el significado de la expresión que da título a este escrito, pero a fuerza de emplearla acabará por significar algo, confuso desde luego, como ha ocurrido con muchas expresiones teológicas y filosóficas que en su momento fueron neologismos para ayudar a pensar en lo impensable. El lenguaje político, al que pertenece 'perspectiva de género', pretende todo lo contrario que las disciplinas clásicas: impedir pensar para comprender lo evidente. Así como los filósofos y los teólogos querían facilitar, sin lograrlo del todo muchas veces, el entendimiento de altos conceptos que se escapaban a la comprensión humana; el lenguaje político quiere que la razón se nuble y el sentido común deje de ser sentido y no sea común, para que lo que el hombre comprende desde que recibió el soplo divino pase a las tinieblas del pensamiento.
Menudo trabajo el que se han echado encima las feministas desocupadas para darle sentido a sus cargos públicos: el igualitarismo no sexista en la lengua española. La ignorancia las impulsa y la menesterosidad mental les da constancia. No puede ser de otro modo, pues si se pararan a pensar en la inutilidad de su empeño, no haría falta mucho tiempo ni gastar mucha energía en discurrir para hacer ver una verdad a las discretas. Es más fácil prohibir una lengua y perseguir su uso a fuerza de represión policial, aun siendo punto menos que imposible, e imponer otra con iguales métodos coactivos, una especie de volapuk no sexista, que cambiar la estructura de una lengua antigua, viva y materna de cientos de millones de hablantes. Lo asombroso de las fantasías feministas (el feminismo ya de por sí es una fantasía) es que se presentan como progresistas y de izquierdas.
Para cambiar la morfología de una lengua como la española habría que fundar una tiranía sin precedentes, capaz de borrar de la historia una civilización. La civilización hace la lengua, no al revés, aunque las lenguas civilizadas contribuyan luego al desarrollo de la civilización. Una civilización es un sistema de pensamiento, que no debemos confundir con una manera de pensar ni con las ocurrencias del feminismo. No hay, ni habrá, poder capaz de romperla, porque el propio concepto de poder lo da la herramienta, y no tenemos noticias de un sistema de pensamiento que se haya suicidado.
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