Su propio afán

Paula Ribó sufría

Sus penas, complejos o carencias de antiguo tienen que ser una oportunidad para hoy y mañana

Escribí un artículo que no era más que leer la letra de la canción "Ay Mamá" con la que Rigoberta Bandini podría representar a España en Eurovisión. Defiende una maternidad natural (con caldo en la nevera) que hoy resulta revolucionaria. Yo señalaba las afinidades con el libro Feria de Ana Iris Simón y con la defensa desmelenada de la familia de Pedro Herrero. Esos novísimos aires de fronda los simboliza Rigoberta en el cuadro de Delacroix "La libertad guiando al pueblo" y en el gesto de sacarse un pecho, icono obvio de feminidad y maternidad. Luego se pregunta que "por qué dan tanto miedo las tetas". No a mí, desde luego, ni -estoy seguro- a ustedes. "Sin ellas no habría humanidad ni habría belleza", explica; y estamos muy conformes.

Calificar la canción de grito feminista, como quizá esté haciendo la artista en entrevistas y en coreografías, puede ser una buena operación de marketing para que circule y gane sus festivales. Lo importante es que no toque su letra ni deje de tocar su música hímnica.

Eso sí, desde un punto de vista metapoético, las tetas son interesantísimas, y el énfasis que Rigoberta pone en ellas. En alguna entrevista ha contado que a la joven Paula Ribó (que es su nombre verdadero) le acomplejaron tanto que se operó para reducírselas. En otra canción titulada "Julio Iglesias", que es un precioso ejercicio de autobiografismo, lo cuenta mejor: "Paula Ribó sufría/ y ahora eso es poesía./ Quería ser atleta/ y se cortó las tetas". Los artistas auténticos, aun en sus giros superficialmente más ligeros, trabajan con sus obsesiones y sufrimientos. Lo dice Miguel d'Ors en un poema titulado "Tal es la inspiración": "como si cada verso tuviera en su pasado/ un niño con las alas malheridas".

Lo redentor lo subraya Rigoberta: «Y ahora eso es poesía». Lo había dicho Manuel Machado: «cantando la pena, la pena se olvida». Y Mario Quintana: "El sufrimiento de los poetas es muy relativo. Pues si un poeta consigue un día expresar sus dolores con toda felicidad, ¿cómo podría ser infeliz? Que el viejo Camoens lo diga con sus inmortales penas de amor. ¡Sus felices penas de amor!". Yo estoy con Delacroix, las madres, las tetas, los caldos en la nevera, y mucho (por la cuenta que me trae) con el poder de la música y de la letra para sacar belleza y verdad de nuestros viejos complejos y sufrimientos. Son un tesoro enterrado. Ahora pueden ser -¡cuánta esperanza!- poesía.

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