Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
MUCHAS veces habremos pasado por la iglesia de las Reparadoras de la calle Zaragoza. En su interior se encuentra la capilla del Sagrario sobre la cual, en una pequeña urna de plata y cristal, se cobija la pequeña efigie del Niño Jesús Rey de los Corazones, imagen de gran devoción y arraigo en nuestra ciudad.
La Historia de este Niño nace en el siglo XIX. En 1864 cinco señoritas piadosas encargan a un afamado escultor (al parecer fraile capuchino) afincado en Guatemala, la hechura de cinco esculturas del Niño Jesús, cada una a la postura de su antojo.
El artista fallece cuando tan sólo ha realizado una de las imágenes, que llega al puerto de Cádiz en 1866, presentándose allí una incómoda situación al creerse las cinco señoritas legítimas dueñas de la imagen. Con gran talento el rector del Seminario de San Bartolomé, Manuel Bosichy, sortea el Niño, que será entregado a su madre Julieta García Peragil.
Bendecido en el Oratorio del señor Urquinaona y Bidot, pasa al domicilio de Julieta en la calle San Miguel número 22, esquina con Sacramento, donde pasa a ser venerado y conocido como El Niño de la Julieta.
Julieta no era aristócrata ni capitalista, pero gozaba en el Cádiz de la época de gran popularidad por su gracejo y simpatía. Toda la ciudad le abría las puertas por su práctica de ayuda en las necesidades y caridad sin límites, gracias a la generosidad que suscitaba en todos sus amigos y conocidos, por los que emprendía siempre importantes obras de socorro.
Se sabe que el día 22 de enero de 1873 se celebra misa en su honor en el monasterio agustino de la Candelaria, que sería demolido ese mismo año. Más tarde, el día de la Asunción de 1875, presidiría la Profesión Solemne de una religiosa en las capuchinas del convento de San Miguel en El Puerto de Santa María; allí tomaría su actual advocación, al exclamar la monja Sor Clara Pérez : "Le llamaremos Niño Rey de Corazones, porque sobre todos impera y a todos arrebata".
El día 7 de abril de 1876 se celebra primera misa en un oratorio de la calle Sagasta 59, con permiso de la Santa Sede para la apertura pública del mismo y con ara de altar regalo de la abadesa del convento de Santa María; resultando insuficiente el espacio, el oratorio se traslada a la calle Soledad 10, entronizándose en él el 10 de marzo de 1881.
Insegura y apenada Julieta porque a su muerte desapareciera la devoción y el culto a "su Niño", consulta con su director espiritual, el hoy beato Marcelo Espínola, quien sutilmente le sugiere dejar en custodia y culto de una orden religiosa femenina la imagen bendita, poniéndole en una de sus cartas: "Julieta, si yo fuera obispo de Cádiz, llevaría a esa ciudad la Reparación bendita".
Así fue, la Comunidad de Madres Reparadoras se haría cargo del cuidado cultual y temporal del Niño, y Julieta adquiere el número 16 de la calle Zaragoza para convento e iglesia y el 14 para su domicilio, para así no separarse de su Rey de Corazones.
El 19 de enero de 1890, en presencia de la imagen en un pequeño altar portátil, se coloca la primera piedra, oficiando la Santa Misa en la explanada, el Obispo Vicente Calvo y Valero. Curiosamente, durante las obras aparecen tres corazones de piedra en las zanjas, lo que mueve a los obreros a trabajar con más empeño en la causa que tras nueve años de vicisitudes y búsquedas de donativos se consagra la nueva iglesia del Divino Rey de los Corazones, el día 8 de junio de 1899 principiando con devota procesión con el Santo Niño desde la Parroquia de San Antonio.
Allí se ha venerado al cobijo de de estas santas mujeres, primero presidiendo la iglesia en su altar mayor y tras la desafortunada obra de 1962 en la nave lateral donde se encuentra actualmente, custodiado en la urna de plata donada en 1895 por la condesa de Rivadeba y coronando un risco que se cubre de pequeños corazones obsequio de sus muchos devotos.
La fiesta del Santo Niño se celebra el día 2 de enero, mas se celebraron en la ciudad dos octavarios, en agosto en la iglesia de San Pablo y en enero en las Reparadoras. Julieta terminó sus días en la casa junto al convento dedicada a la oración y devoción de su Divino Rey.
A principios de siglo XX se hicieron algunas copias de este Niño; una se veneraba en San Pablo y otras en algunas familias gaditanas, no conociéndose en la actualidad el rastro de ninguna. Anecdóticamente, en la iglesia del convento de carmelitas descalzas de Sanlúcar de Barrameda, se encuentra una fotografía antigua de este Santo Niño, a la que se le profesa devoto cariño.
Especial, piadosa y llena de sentimientos es la historia que nos ocupa. Ahora, por la falta de vocaciones en esta congregación de las Reparadoras, sus ancianas hermanas tendrán que cerrar su casa gaditana tras más de cien años en la ciudad; una triste realidad que nos toca vivir a los cristianos de nuestro tiempo.
He aquí mi reivindicación, puesto que confío que el templo se quedará en uso y culto de alguna institución religiosa. Sea cual sea, siempre ha de venerar en su altar mayor la imagen del Niño Rey de los Corazones, como muestra de respeto a los gaditanos que destinaron tan piadosa obra a su culto, así pues nunca se cambie el nombre de esa Iglesia del Niño Rey de los Corazones.
Para nunca olvidar su dedicación, propongo que el magnífico y poco conocido azulejo del Niño que se ubica en la escalera del Convento se coloque en la parte superior de la puerta del templo, dejando así constancia de esta dedicación que nunca debe perderse para gloria de la ciudad de Cádiz.
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