EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

Minoría de edad

03 de noviembre 2010 - 01:00

NO conozco a la clase política y periodística del Kazajstán, patria del mentecato de Borat, pero me temo que no puede ser muy distinta de la española, es decir, sectaria, ignorante y gritona. Veamos, si no, lo que le ha pasado a Fernando Sánchez Dragó con su supuesta historia con las dos lolitas japonesas de 13 años. De entrada, lo que cuenta Dragó es de un mal gusto espantoso y dice muy poco a su favor, pero es algo perfectamente legal, siempre que hubiera consentimiento por parte de las lolitas (y tal como contó su historia, hubo consentimiento y por tanto no hubo delito). O sea que sobra todo ese griterío incendiario que ha acusado al escritor de pederasta, criminal, delincuente e incluso "verdugo" (esto último lo ha escrito una mujer que se define a sí misma como "agente de Igualdad y poetisa", una definición laboral que parece propia del mundo totalitario de 1984).

Este griterío infundado demuestra que nuestra clase política (y la clase periodística que está a su servicio a ambos lados del espectro político) es la verdadera menor de edad de esta historia. El Código Penal español permite las relaciones sexuales consentidas a partir de los 13 años. Esto es indiscutible, pero aun así se ha acusado a Sánchez Dragó de pederastia, que es un delito muy grave, porque la pederastia supone abuso y engaño o incluso violencia, cuando sólo se le podría haber acusado de pedofilia, que es otra cosa muy sucia y muy fea, pero que no es ningún delito. Nos puede gustar o no, pero las cosas son así. Lo que pasa es que Sánchez Dragó se ha alineado con la derecha, así que sus enemigos han procurado remover el gallinero y han llegado incluso a exigir que se secuestrara el libro, como si estuviéramos en tiempos de Franco (hay cierta izquierda que parece incapaz de vivir sin la memoria de Franco).

Sánchez Dragó ha demostrado ser un bocazas detestable, pero tiene todo el derecho del mundo a hacer con su vida lo que le dé la gana. Repito que doy por supuesto que hubo consentimiento mutuo y que ambas partes hicieron lo que quisieron. Y aunque el tono en que contó su historia me parece repugnante, eso no me da derecho a acusarlo de nada. Por lo demás, mi intuición me dice que una chica de 13 años no tiene la madurez suficiente para decidir si quiere tener un contacto sexual, pero el Código Penal español (y también el japonés) piensa de un modo distinto y no soy yo quien pueda cambiarlo. Ése sí que podría ser un debate interesante, aunque no se hará porque desde hace mucho tiempo preferimos dedicar nuestras energías a los gritos estúpidos en vez de a los debates interesantes. No acabo de entender que el mentecato de Borat se hiciera pasar por originario del Kazajstán. ¡Con lo fácil que hubiera sido que dijera ser español!

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