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Kiko / Cuadrado

Manque esté dormida

DESGRACIADAMENTE para los que vivimos en esta parte del sur de Europa, las cosas no son tan agradables como muchos desearíamos. Bien es cierto que gran parte de los infortunios que padecemos, los culpables somos los mismos andaluces. De otras, como el paro, no. Para colmo algún malnacido catalán no ha tenido timidez alguna en tildarnos de vagos sin el menor pudor, sin tener datos, ni criterios serios para tamaña y desafortunada afirmación. No han desaprovechado la ocasión para tacharnos de subsidiados, incultos y otros insultos, propios de indocumentados y vividores que exprimen a la nación. A todos los españoles.

Se dice, con mucho acierto, que la ignorancia es muy atrevida y eso es lo que pasa con más de un, catalán o no, cuando aprovecha la ocasión para desprestigiarnos por lo mal que hablamos, cuando realmente el habla andaluza es rica. Fruto de los miles de años de historia con la que contamos y de los cruces con otras culturas. ¡Hablen bien señores, hablen andalú!

En más de una ocasión, con el término manque, que ya sabemos todos es el lema del Betis: "Viva er Beti manque pierda", algún analfabeto cercano a los pirineos ha criticado ese vocablo al que tildan de vulgarismo, cuando realmente es un arcaísmo, entiéndase el término que se usa para designar un elemento gramatical ya en desuso, pero vivo en Andalucía por su riqueza.

En el siglo catorce, el Arcipreste de Hita, en su Libro de Buen Amor ya utiliza el término manque, unión de dos consonantes, valer y aunque. Sin ir más lejos, actualmente existe el Castillo de Manqueospese, situado en la provincia de Ávila y en muchos escritos se puede encontrar su nombre tanto Manqueospese como Aunqueospese. Por tanto no sólo en Andalucía se utiliza.

Asociarnos con el flamenco chabacano, la juerga, el toro, el vino y el cachondeo, es algo que deberíamos empezar a rechazar de cuajo. Porque esa mala fama es doble castigo, en unos tiempos en donde no está el horno para bollos, y está en juego el futuro de los nuestros.

Tenemos que desmarcarnos de los Falete, Paz Padilla, Chiquito, Morancos y compañía, que nos hace más daño que los insultos que llegan desde Cataluña. Del mismo modo, somos testigos indignados de series televisivas en las que el portero y la criada son andaluces. También resulta ignominioso el programa de Juan Imedio, en el que se burla de nuestros ancianos en busca de pareja. Los Jesulín, Pantojas, Jurados, Risitas, Duquesa de Alba, etc. Son una vergüenza para esta tierra y agranda la leyenda de la Andalucía de charanga y pandereta.

Son millones los andaluces que se levantan cada mañana para trabajar en busca de un jornal y de paso intentar enderezar este desastre llamado España. Nuestros padres y abuelos emigraron hace décadas a Suiza, Alemania y Holanda para afanar donde nadie quería. Levantaron una Cataluña hundida, para que hoy algunos desmemoriados omitan esa página de su historia. Ojalá quien habla de nuestra incultura se acuerde de Séneca, Maimónides, Góngora, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Machado, Falla, Lorca, Picasso, Velázquez, Murillo, el doctor Rojas Marcos y un largo reguero de eminencias. Que sepan los incultos, que todos aquí hablamos andalú y cuando se tercia en castellano con nuestros hermanos de Madrid, Valladolid o Albacete. ¡Viva Andalucía manque siga dormida! ¡Miedo me da como despierte!

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