Su propio afán

Enrique Gª-Máiquez

Mala conciencia

Resulta rarísimo que una fe que uno no tiene y que además considera errónea, nos cree cargos de conciencia

09 de abril 2023 - 01:30

Naturalmente, no le echo cuenta ninguna a nada de lo que dice Juan Carlos Monedero, salvo que me interese para otra cosa. Es el caso. Ha declarado con cierta solemnidad boba: "La cultura cristiana nos crea mala conciencia cuando disfrutamos mucho. Por ejemplo, de Madrid con poca gente, sin Ayuso (estará por ahí en un apartamento de Sarasola), con una cerveza fría y un libro mientras desalmados crucifican a Jesucristo. Tengo que llamar a Bergoglio".

Es curiosa la mala conciencia que les ha creado el cristianismo a los que no creen en él. En esto Monedero nos cuela una moneda falsa de uso corriente. El cristianismo no tiene nada contra disfrutar mucho, todo lo contrario, salvo que no creas en él, que entonces, por lo visto, pasa lo de la mala conciencia. Se diría que Monedero ha leído al gran Llull y, todavía diría más, que lo ha entendido y, aún más, que comparte su pensamiento. Llull afirmó que "quien a Jesucristo no ama no tiene derecho a reír".

Lo normal sería que la mala conciencia se la crease a Monedero y a cualquiera aquello en lo que de verdad cree. Por ejemplo, el marxismo. ¿No sería lógico que él tuviese retortijones de pensar que está, cual burgués intelectualoide, echándose una cerveza muy fría y leyendo mientras la clase trabajadora sigue alienada, y nadie hace nada por ella? Ese desprecio a la gente que exuda su declaración, ¿no es suficiente para turbar el espíritu de un materialista dialéctico como Dios manda? ¿Qué clase de populismo es la tuya, exquisito Monedero?

Me inquieta que llame a Bergoglio, como él lo llama, con confianza, porque a ver si lo graba Évole. Sí sé lo que le contaría la doctrina de siempre de la Iglesia. Que se deje de malas conciencias culturales. La mala conciencia buena se tiene por las propias faltas y los pecados de uno. Juzgar culturas ajenas e historias pasadas y aprovechar para pellizcar a Ayuso es algo que no tiene nada que ver ni con la conciencia ni con el humor tampoco ni con el cristianismo, aunque quizá sí con la política.

Lo último que yo haría es echarle la culpa de mis cargos de conciencia al marxismo. Claro que no soy su tipo, pero el marxismo tampoco es mi fe. A mí, pues, plim. Incluso al paganismo, que considero más afín y digno de consideración, tampoco le culpo de nada. Ni a Afrodita por mi anacrónico fervor primaveral; ni a Dionisio por el amor al vino, ni a Apolo por mi desdén por los tontos. Eso son cosas mías.

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