Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
LOS suecos estos son la repera. Nos han acostumbrado a montar muebles, algo que no se le hubiera ocurrido nada más que a un sueco, que de toda la vida de dios la gente compraba los muebles ya hechos. Ahora tenemos que ir los sábados al Ikea y dedicar los domingos al tornillo Jättefins, la tuerca Ringdans o la llave Kajsa, por decir algo. Nos han aficionado al salmón y a las albóndigas esas tan raras, a las galletas con poco sabor e incluso a la fiesta de Santa Lucía, con todas las casas llenas de velitas en diciembre. Incluso han realizado la epopeya de montar una tienda con los colores corporativos amarillo y azul en pleno Jerez. La tienda que creara hace más de 50 años el señor Ingvar Kampad genera hoy unos beneficios de 2.500 millones de euros . Se calcula que el 10% de los europeos han sido gestados en camas de Ikea y que el 7,9% de los muebles del mundo provienen de esta marca de mueble para montar. Su catálogo se distribuye más que la biblia: 197 millones de ejemplares en todo el mundo, en 27 idiomas, de los cuales 9,2 millones sólo en España. 660 millones de personas han visitado las diferentes tiendas de la firma sueca, primer consumidor mundial de madera.
El catálogo de Ikea, que ella no lo vea, que escribió un gaditano con el seudónimo de Carlos Gallordo y popularizaron los de Gomaespuma refleja mucho la extraña relación entre Cádiz y esta tienda de muebles baratos. Pues bien, estas Navidades, desde el día 26, Ikea quiso acostumbrarnos a la fiesta sueca del Knutt que, por lo visto, consiste en deshacerse del decorado navideño y de parte del mobiliario casero y sustituirlo por otro nuevo. Craso error. En Cádiz somos de todo lo contrario, de llevarnos los lápices y los metros del Ikea, de probar todo lo que nos ofrecen en eso tan cursi que llaman "degustación" y que en Cádiz lo convertimos en pasar delante de la bandeja las veces que sean menester. Así que eso del Knutt me da a mí que no se va a implantar en Cádiz. Puede que entre vascos o montañeses, pero en Cádiz de ninguna de las maneras. Aquí no se tira nada, si acaso se trincan cosas nuevas. Vale que nos hayan convertido en montadores de muebles y nos hayamos aprendido el nombre de las tuercas y los tornillos suecos, vale que la estantería Billy y la mesa Lacka esté en todas las casas de Cádiz, pero largar objetos así, sin más, no creo yo que se implante en Cádiz. Mucho tendrían que estar cambiando las cosas. Mientras tanto, ese Cádiz oé en Jerez. Estaremos eternamente agradecidos a que me han dicho que el amarillo luzca cerca del Gallo Azul y que el azulino no impere por los corredores y naves del Ikea. Ahí cuentan con todo nuestro apoyo. Yo, sin ir más lejos, no pienso montar un mueble si no es bajo amenaza de muerte, pero miro con ternura a todos los pobres hombres que, empujados por sus mujeres, dedican los domingos a tal menester. Vale, pero ¿alguien ha visto a uno de Cádiz tirar los adornos? Si se ha visto, sería uno de Albacete que ha pedido asilo político en la Trimilenaria, que cosas más raras se han visto. Aquí, a lo más que llegamos es a hacernos los suecos a la hora de pagar.
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