Con la venia

Fernando Santiago

Don Pan

18 de marzo 2011 - 08:08

CONFORME pasan los días estoy más preocupado. Veo que todo lo doceañista precisa de uniforme o madroñera y no tengo ni lo uno ni la otra. No tengo ni el uniforme de la mili, que no la hice, así que para qué contar el de Voluntario Distinguido, Guardia Salinera, Guacamayo, Lechuguino o soldado francés. Por si fuera poco no he salido en mi vida en un coro o comparsa fina y no me he apuntado de voluntario para posar o desfilar en los acontecimientos ad hoc. Así es que no tengo qué ponerme. Iba a poner aquí el consabido "y yo con estos pelos" pero en realidad ni pelos tengo, por lo tanto no sé qué hacer. Igual no puedo ni salir a la calle el año que viene porque no iré correctamente uniformado. Todo el mundo con la madroñera como si Cádiz fuera un enorme mostrador de Don Pan y yo vestido de calle, de civil así como el que dice. En San Fernando y en Chiclana nos han mostrado el camino de hacia dónde va esto del Bicentenario. No sé si habrá puente, AVE, Oratorio o San Sebastián pero de lo que estoy seguro es de que va a haber todo tipo de desfiles cívicos para conmemorar cualquier cosa. Diputados con levita, señoras tertulianas con miriñaque, militares de uniforme y majos por todos lados. Cádiz será el reino de la Piconera, ese personaje de Pemán que se ha quedado en el imaginario colectivo gaditano como la semblanza de la ciudad, la mujer vestida de maja con terciopelo , raso y madroñera, aunque es bastante improbable que así se vistiese nadie para ir a vender picón, ahora que ni siquiera hay braseros.

El problema es que podría ir a Pepi Mayo y comprarme una madroñera como si fuera a despachar un manolete o una baguette, pero no tengo pelos donde coger un complemento tan extravagante. Comprendo que las mujeres encierren el pelo en la redecilla, pero los hombres, ¿para qué querían madroñera? Así que entre vistosos uniformes, castizos disfraces y elegante indumentaria de hace 200 años, nos convertiríamos en todo un decorado para el cine. Un Bienvenido Míster Doce, como la chirigota, pero durante un año y a lo grande. Iríamos a trabajar de majos, jugaríamos al fútbol con calzón largo y camisola, las mujeres no tendrían que ir a la peluquería, porque llevarían todo el año la madroñera. Capas, borceguíes, medias y jubones. En definitiva, nos meteríamos todos en el papel. Yo no hice la mili pero si tengo que elegir me pongo a las órdenes del Subcomandante Ramón Velázquez para desfilar garboso por las calles gaditanas. Ya puestos, al menos aprendería el paso sevillano y ampliaría mi mundo y mis conocimientos. Pero me da flojera comprar un uniforme porque uno nunca sabe qué es mejor. Tengo la tendencia a ponerme del lado de los perdedores, así que tendría que comprar indumentaria de soldado francés, pero no sé si Ramón Velázquez me iba a admitir en su cuadrilla, quiero decir en su batallón. Ellos van de recios y marciales gaditanos y lo mío es el derrotado ejército de Napoléon. Puedo pedirle el disfraz a algún amigo que haya salido en un coro, aunque sea de los últimos de Filipinas, de 100 años después. Con tal de que me admita Ramón Velázquez y el Ayuntamiento acredite mi participación en el 12 , cualquier cosa.

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