Tribuna Libre

Justo Blázquez

Don Bosco, la pedagogía de la bondad

31 de enero 2013 - 01:00

SIGUIENDO con nuestro itinerario formativo rumbo a 2015 en el que celebraremos el bicentenario del nacimiento de don Bosco, nuestro rector mayor, Pascual Chaves, nos propuso para este año como objetivo retornar a don Bosco educador, poner al día su pedagogía, para profundizar la comprensión histórica de su método educativo: su pedagogía de la bondad y su sistema preventivo como propuesta educativa.

Para Don Bosco el sistema es su persona, su inteligencia y su corazón puestos al servicio de los jóvenes y de su salvación. Y con él, el equipo de colaboradores que supo formar y aglutinar a su alrededor. Por eso, el sistema preventivo es fundamentalmente una comunidad educativa, que sabe encarnar sus valores y hacer camino con los jóvenes, sobre todo, en estos tiempos de desconcierto, que es cuando más nos necesitan, y mediante su testimonio, su cercanía y diálogo, sus vivencias y propuestas, ser para ellos punto de referencia y modelo de identificación.

Por tanto, se trata de aproximarse lo más posible a un modelo de arte educativo; de participar en su experiencia pastoral y, desde esta sintonía con Don Bosco, abrirse a la actual situación de los jóvenes, percibir sus retos y crear una respuesta adecuada.

La expresión concreta, casi el criterio interno del sistema preventivo es la asistencia que significa estar presente y compartir la vida y la experiencia de los jóvenes, para tratar de orientar sus vidas y de despertar sanas energías. Y asistencia es, ante todo, presencia física en los lugares donde los muchachos se encuentran, conversan, proyectan, se divierten: la clase, el patio, la calle…

Y esta presencia conlleva otra actitud: compartir todas las manifestaciones sanas de la experiencia juvenil. "Amar lo que los jóvenes aman para que ellos aprendan a apreciar lo que el adulto quiere proponerles".

Don Bosco nos sigue diciendo y nos recuerda que todo esto de la educación es cosa de la razón: inteligencia, creatividad, pero también del corazón. Las dos sin posibilidad de separar. Sabiduría y santidad, como decía don Bosco.

Nunca olvidemos que nuestro ser educador salesiano tiene sentido cuando estamos entre los jóvenes, sobre todo con aquellos que nos propuso don Bosco, los más necesitados de testimonios de cariño, los que de verdad ponen a prueba nuestra capacidad de educadores para llevar adelante la pedagogía de la bondad.

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