La cornucopia

Gonzalo Figueroa

Dios salve a la Reina

15 de diciembre 2010 - 01:00

ALUMNO de un colegio chileno regentado por un cura inglés, a mis siete años yo cantaba el Himno nacional británico, rogando que el Divino Hacedor protegiera al Rey de por vida. Eran tiempos del padre de Isabel II, Jorge VI, que ascendió al trono gracias a la abdicación por amor de su hermano Eduardo VIII. Y del sagrado himno, los pupilos sólo conocíamos la primera estrofa, todo un compendio de buenos deseos para el monarca: "Dios salve a nuestro glorioso Rey… Larga vida a nuestro noble soberano… Dios le mande victorias… felicidad y gloria… y que viva muchos años reinando sobre nosotros…". Y si a esta invocación celestial, persistente y reiterada según veremos más adelante, agregamos la conocida y tradicional fidelidad británica a su sistema de gobierno y la familia real desde hace varios siglos, todo suena, nunca mejor dicho, idílico.

Sin embargo, está visto que los tiempos cambian, y como sostenía el ama de llaves de un ricachón inglés, todo por culpa de los "extranjeros", cuya londinense invasión antes era escasa y hoy es manifiesta, hasta el punto de "ensuciar" las huestes estudiantiles contra la subida de tasas universitarias.

El ejemplo de esta animosidad, que ahora, además, es violenta, lo constituyó el asalto con piedras y palos al elegante coche en el que, hace una semana, se desplazaban por Londres el príncipe heredero Carlos y su esposa Camilla, hoy duquesa de Cornualles. Y el pánico se inmortalizó en las fotos de esta última, pese a la dulce protección que le ofrecía Carlos, cogiéndole las manos con expresión de flema ancestral. Afortunadamente, los policías, según explicó el jefe de Scotland Yard, no dispararon a los manifestantes, no obstante que llevaban -ocultas- armas de fuego.

No sé si el Dios anglicano del himno protege sólo a la Reina, lo que facilitó la acción de los estudiantes, porque la segunda estrofa de aquél parece restringir a ella su amparo diciendo: "¡Oh! Señor, nuestro Dios, surge, dispersa a los enemigos de ella y hazlos caer. Confunde sus políticas, frustra sus turbios ardides, en Ti depositamos nuestras esperanzas: Sálvanos Dios a todos".

Imagino que el príncipe Carlos, al encontrarse con su madre, le informó sobre el asalto con un controlado e imperturbable "I was a bit disappointed" (Me desilusioné un poco). Pero Camilla, mientras hacía la tradicional genuflexión en silencio, seguro que se decía: "Hijos de su madre, los muy…" (cortado por censura cortesana)

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