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EL equipo de gobierno municipal ha anunciado que se tendrá en cuenta la solicitud del portavoz socialista, Rafael Román, de retirar del Castillo de Santa Catalina la placa que enaltece la figura del general Sanjurjo y su lucha contra el legítimo gobierno de la Segunda República, al que el texto de la placa, develada en 1937, califica de "traidor a España". Una lindeza como otra cualquiera. O sea, que Román se va a ir del Ayuntamiento, cuando lo haga, con al menos una petición respaldada por el PP municipal, experto en rechazar cualquier sugerencia que no tenga forma de gaviota. Lo curioso es la excusa esgrimida por el Ayuntamiento para justificar que no se haya retirado aún: está muy alta -lo que es cierto- y hasta la fecha ha sido imposible saber qué ponía la placa. Para decir eso, mejor no decir nada. Porque si Román, que no es precisamente un espigado portavoz, la ha leído, Teófila, que le saca unos centímetros, casi puede tocarla.
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