Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
AYER, en la contraportada de este Diario de Cádiz, Aníbal González, nieto odontólogo del otro Aníbal González el arquitecto del modernismo y del regeneracionismo regionalista, decía: "Se están haciendo proyectos muy modernos en los cascos históricos.... No discuto su categoría, ni su estilo, sólo el sitio donde se colocan".
Y, a seguida, clamaba por la destrucción de edificios señeros. Yo no es que me oponga a la modernidad, ni a los proyectos rompedores. Yo me opongo a que esos proyectos se ejecuten dentro de los declarados Conjuntos Histórico-Artísticos. Porque los Conjuntos Históricos-Artísticos deben ser protegidos. No hacerlo puede llevar la condena de la sociedad y hasta ser posiblemente delito. Lo estamos viendo estos días, con el auto del Juzgado número 3 de esta Ciudad en el caso del derribo de la Casa de las Cadenas, precisamente en la parte, donde estuvieron habitando los Reyes Felipe V e Isabel Farnesio, en sus veraneos portuenses. Al Patrimonio Histórico, generalmente, y desde los años 60, en esta Ciudad, se le ha chuleado. Y no sólo al Patrimonio. El territorio, bien único e irrepetible, se ha ido consumiendo en "urbanizaciones" ilegales, con la anuencia y aprobación de las penúltimas Corporaciones Municipales. Consumir tan irresponsable e irreparablemente un territorio, no sólo puede ser delito, sino que debe llevar consigo la reprobación permanente, el aislamiento y el ostracismo social de quienes lo autorizaron y cometieron, porque condenaron a cadena perpetua a todos los portuenses habidos y por haber, que heredaron de sus mayores una Ciudad ordenada y modélica y un término municipal verdaderamente vario y atractivo y los van a dejar a los venideros hechos un auténtico asco.
Si yo me preguntaba, hace semanas, por qué y qué sentido habían tenido los derribos de los Baños Termales, del Palacio del Marqués del Castillo de San Felipe o de la llamada Capitanía de la Mar Océana...., la tala de tantos pinares... Ahora me tengo que preguntar, qué sentido tiene haber derribado la fuente grutesca del Paseo de la Victoria. No tiene razón alguna adocenar a las ciudades que tienen sus singularidades por pequeñas que sean. Tener la osadía de derribar, de quebrantar los paisajes urbanos, privándolos de elementos consustanciales con ellos, por insignificantes que parezcan es tan reprobable, como lo anterior. Paso a paso, desintegrando una Ciudad llegamos a convertirla en irreconocible. Y, mientras tanto, el Ayuntamiento tiene un Centro de Patrimonio Histórico que va acopiando una base de datos, con fotografías de lo que la ciudad fue. Una galería fotográfica de desmanes. Muy edificante.
También te puede interesar
Lo último