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Seis millones y medio de andaluces eligen hoy 109 representantes. En Francia a los elegidos del pueblo se les concede una dignidad que no está de moda en España, donde partidos y políticos se han convertido en uno de los problemas destacados por los ciudadanos. Esto no ha ocurrido sólo por la corrupción; también por la mala calidad en la gestión de la Administración y la falta de transparencia. Hace unas semanas el prestigioso Observatorio Económico de Andalucía presentó un informe sobre la necesidad de aumentar la capacidad productiva de la región para asegurar su desarrollo. Hay buenos empresarios, pero pocos; Andalucía tiene la menor densidad empresarial de España, medio millón de empresas de las que más de la mitad son autónomos y sólo 20.000 tienen más de 10 trabajadores.

De estos asuntos se habló poco en la campaña. Andalucía es grande, tiene doce veces la extensión territorial de Euskadi, pero el PIB per cápita vasco es casi el doble que el andaluz. El OEA alerta sobre la débil capacidad de la comunidad autónoma para generar empleo y rentas suficientes para sostener de manera solvente las necesidades de los andaluces. Su informe habla de limitaciones a su economía en capital humano, por carencia de especialistas, o en capital productivo por escasez de fábricas, equipos de transporte o maquinaria. Con el 23% de la población activa sin trabajo, esta es una de las cuatro regiones con más paro entre las 276 de la Unión Europea. Los expertos del Observatorio insisten la necesidad de potenciar las políticas de demanda, en las que tiene amplias competencias la autonomía: mejor formación para el empleo y cambios en políticas sectoriales, como la industrial, la turística, la rural, la comercial o la energética.

En turismo habría que estabilizar el mercado antes que buscar récords estadísticos. El sector es fuerte sólo en el último tramo de la cadena de valor. No está en el origen de los países emisores, ni controla intermediarios mayoristas o minoristas, ni líneas aéreas y su fortaleza está en algunas cadenas hoteleras locales y en la hostelería. Y donde es una primera potencia europea es en agricultura. Andalucía supone la cuarta parte de la producción final agraria española, pero sólo representa el 14% en la industria agroalimentaria nacional. Mientras Cataluña no llega al 10% de la PFA española y ocupa casi la cuarta parte de la agroindustria. Si la región tuviese un peso agroalimentario similar al de su producción generaría 50.000 empleos más.

En industria, sólo 700 empresas hacen I+D; la inversión privada es escasa. En Europa dos tercios de la investigación y desarrollo es privada y un tercio pública, en España se reparte mitad y mitad, y en Andalucía ocurre al revés que en la UE: sólo el 37% de los 1.360 millones anuales en I+D es inversión empresarial privada.

Así estamos. Los elegidos hoy tienen trabajo.

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