Desde mi cierro

Pedro Mª / González / Tuero

Alcantarillar

Verbo poco habitual, poco usado, diría que hasta extraño, pero cuánto alberga. Dicen que hijo del árabe "alcantarilla", con parentesco muy directo con su participio "alcantarillado" que, por esa inmensa capacidad de reconversión de nuestra Lengua, puede disfrazarse de sustantivo y formar un grupo nominal propio: el alcantarillado. Voz que personalmente me resulta poco agradable y anticuada, ya por su fonética, ya por lo que representa. Y ante tanto barbarismo lingüístico, es extraño que este palabro no haya sido sustituido por otro más sonoro y más esnob. No obstante, el objeto que representa se define académicamente como el conducto que transporta las aguas residuales a una planta de tratamiento o a otro punto de descarga. También llamado cloaca o desagüe, o sumidero o albañal.

A pesar de todo, por ese largo y sucio acueducto subterráneo corren atropelladamente aguas llovedizas e inmundas que en su itinerario van encontrando todo tipo de residuos tanto humanos como divinos. Así, junto a la mierda que necesariamente expelemos más otras delicias, se precipitan por allí variadas excelencias como comisiones, dobles facturas y aumentadas, falsos contratos, una gran cantidad de enchufes o confiados cargos, muchísima sostenibilidad en desarrollo, promesas incumplidas, aumento de partidas de épocas electorales, falsos servicios cobrados, publicidad engañosa dicen, horas ordinarias y extraordinarias -sobre todo las segundas-, documentación privada, falsos apoyos por conveniencia, asentamientos infundados, etc. En fin, de todo lo habido y de lo que está por haber. Además de unos sistemas denominados estaciones de bombeo, muchas veces inventados que sirven para impeler y dar mayor fuerza a toda esta porquería.

Y como decía, el verbo "alcantarillar" es harto difícil y muy arriesgado de conjugar. El intentarlo puede traer problemas como trabársele a uno la lengua o desconocer, que es lo más probable, cómo es su pretérito imperfecto de subjuntivo, por ejemplo. No obstante hay algunos que manejan a la perfección este dichoso verbo, pues a fuerza de repetirlo ya se han acostumbrado y han solventado cualquier tipo de dificultad. Y no estoy pensando en mi compañero que fue y que sigo admirando, Fernando León, concejal socialista para mayor inri, que en su papel de investigador domina las cuentas y la pasta que otros se gastan, sino en mis alumnos de Secundaria, que manejan y repiten como si fueran los-buenos-días el futuro o el condicional de indicativo de semejante verbo. Por eso, decía yo.

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