La bolsa alemana como oportunidad de crecimiento
La tragedia de verdad
No hay que insistir mucho en que los políticos de nuestro tiempo y sus periodistas voceros son los que han golpeado por asalto la televisión y tienen rodeadas las parrillas. Sin escapatoria. La gestión vaporosa y las oposiciones de gelatina se adaptan como el villano de Terminator 2 a lo que requiera la actualidad según el tema que toque. La sensación que tenemos sobre que eso que llamamos “actualidad” es que es algo que se precipita al vacío ante el siguiente asunto. Un presente domesticado según el interés de una élite hipócrita, con más frases que acciones, con más ocurrencias que ideas, que se olvida de la calle mientras perdemos calidad de vida y libertades. El paroxismo de este modelo es el fallido país de Trump.
La falsa política de unos políticos falsos ha saltado por los aires cuando ha surgido una tragedia de las de verdad como el accidente ferroviario de Adamuz. Una catástrofe espoleada por el infortunio, con una lotería que a cualquiera de nosotros le podría haber tocado.
Las cadenas de televisión, habituadas a funcionar en esa actualidad más ilusoria y propagandística que auténtica, han sabido reaccionar con nervio periodístico y, en general, con la responsabilidad que requiere un trágico suceso en el que todos nos podemos ver identificados. La gente, al final es la gente, y quienes nos protegen, es decir, los de siempre, los que dan ejemplo. Entre la congoja y el abismo, los políticos han debido asumir un consenso que no suelen cumplir. Y después está Ayuso y otros bocazas del montón.
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