La promoción del 94-98 y Maduro

Balas de plata

Todo empieza con un artículo que nos cuelga en el grupo Miguel Acosta, en el que realiza un certero análisis sobre el papel en que queda el Derecho Internacional tras la intervención bélica que ha realizado el equipo Delta Force de los EEUU en Venezuela, y que ha provocado la detención de Nicolás Maduro y su señora, como dirigentes de un clan narcoterrorista. Dice Miguel con buen tino que “no se trata de estar o no a favor de un determinado régimen que sea más o menos cercano a tus ideales políticos; se trata más bien de respetar y hacer respetar una serie de normas de convivencia en derecho internacional que es la base del mundo surgido tras la infame Segunda Guerra Mundial”. Miguel no es el único compañero de promoción que ha ganado por sus propios méritos una cátedra universitaria, y su participación en el grupo de WhatsApp anima a algunos a intervenir: magistrados, abogados, inspectores de trabajo y hacienda, técnicos en comercio, notarios, funcionarios de diferentes cuerpos. Tela de peligro junto.

En realidad la mayoría muestra conformidad con que se ha producido una violación (o cuatro) del derecho internacional, si bien encontramos matices, diferencias, visiones diferentes.

Como bien dice Patricia (morada), no se puede pasar por alto que en Venezuela se viene produciendo una violación brutal y constante de derechos humanos mediante la represión, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones forzadas, etc; conforme han expresado la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Ello nos lleva al derecho natural “más allá del marco legal”, al derecho a la vida, a la libertad, a no ser perseguido por pensar distinto. Patricia (azul) realiza un comentario interesante: que según esa regla ya se debería haber entrado a la fuerza en Cuba, pero Cuba no es relevante desde el punto de vista económico. Es decir, no tiene los minerales, ni el petróleo venezolano.

“M” refleja la doble moral al indicar que en El Salvador pasó lo mismo: los países que se echaban las manos a la cabeza por las cárceles de Bukele, no parecían verse afectadas por los muertos que abarrotaban las esquinas de las calles.

Lo preocupante, para muchos, es que esta vulneración del derecho internacional se haya producido por el capricho de un sátrapa billonario como es Trump, por mucho que Maduro debiera haber sido encausado ante una corte criminal internacional hace lustros.

Yo participo también, e indico que “la clave es la capacidad de la comunidad internacional para meter en cintura a un dictador. Con sanciones económicas y tasas ya se ha visto que no, y el uso de la fuerza armada es una acción muy extraordinaria. No se puede actuar en Venezuela, ni se puede meter en cintura a Putin, ni tampoco, lógicamente, van a hacer nada contra Trump”.

Miguel Acosta defiende la existencia de instrumentos en el derecho internacional para poner freno a violaciones flagrantes y crímenes internacionales: sanciones rotundas con efectos reales (no las que se imponen a Rusia).

Antonio, también catedrático, aporta un detalle relevantísimo: “Da la impresión de que el objetivo no es precisamente la restauración democrática. Parece que no se descarta el mantenimiento del régimen vigente o el establecimiento de uno similar, pero con empresas norteamericanas asegurando que el petróleo va por buen camino”. Además, con buen tino, añade: “no veo imposible que a Maduro le hayan hecho la cama desde dentro”. Marta, por último, nos remite a un youtuber que emite en directo sobre el tema: “tiene buen intel aunque todos los peros del mundo mundial”. Echo en falta el comentario “martillo pilón” de Jesús Varela, pero a saber en qué país se encuentra hoy. Con estos compañeros de la facultad eterna, uno no necesita ver tertulias televisivas, también lo digo. Fueron los mejores y más brillantes, y el presente jurídico es hoy suyo. Así que explicando lo que opinan algunos de ellos he dejado el artículo listo para ser enviado al bueno de Arturo Rivera. Con orgullo y satisfacción.

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