Análisis

José Luis Ortiz, abogado

El pelotazo

Robin Hood saqueaba a los ricos para beneficiar a los pobres. Es el modelo inverso al de Ana Botella de Aznar, que como alcaldesa de Madrid facilitaba evacuar a los pobres de las viviendas protegidas para enriquecer a los ricos ya riquísimos. Botella ha sido condenada por el Tribunal de Cuentas de Madrid a devolver, junto con sus dos cómplices -dos de ellos aún viceconsejeros de la Comunidad de Madrid- 23 millones de euros por una operación que nos pone a todos la cara colorada vender a la empresa Fidere, representante en España del fondo buitre Blackstone (piedra negra, ya sólo el nombre da miedo) miles de viviendas del Ayuntamiento de Madrid protegidas y que estaban puestas en alquiler social. Para los más desfavorecidos por cuatro perras, perdón, un precio inferior al jurídicamente exigible -dice la sentencia-, que era incluso inferior al valor catastral de los inmuebles.Tan pronto se adjudicaron los pisos, echaron a todo el que pudieron y subieron también la renta a todo el que pudieron. Vamos, lo que hacen siempre los especuladores sin corazón. Pero la sentencia no se mete en eso, lo que dice es que al vender el Ayuntamiento a tan bajo precio, un precio de chollo, de ganga o baratísimo, un precio con el que ni usted ni yo podríamos nunca soñar que nos vendieran una casa, causó un quebranto a las arcas locales.Si en vez de este proceso estuviéramos en un proceso penal, esa malversación de caudales públicos, valiéndose del cargo de Alcalde conllevaría una pena mínima de entre dos a seis años de cárcel. Pero bueno, a lo que vamos, el Tribunal de Cuentas administrativo condena en definitiva, fíjense el detalle,  no sólo porque la venta fue a un precio muy inferior al legal, sino porque tampoco se garantizó la competencia en concurso. O sea, , que como había mucha prisa en que nadie se enterara, todo se llevó en transparencia y de forma muy secreta en un tiempo record. Eso en Madrid y en Pekín se llama uso de información privilegiada. En Cádiz, sin embargo, se llama el chollo de Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como. Y al final es tontería.... todo queda en casa. O como dice el humorista José Mota: pá la saca.

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