El parqué
Sesiones negativas
Dentrode EL PÁLPITO AMARILLO, en su mismo centro, está entronizado el Cádiz CF SAD, nuestro Cai güeno, eso es lo lógico, si es que se puede hablar de lógica o de sentido común en este mundo que chorrea sangre desde hace meses. Entiéndaseme, no es que no quiera hablar del equipo de nuestra alma, no, lo que sí sucede es que si me dedico a escribir sobre el esperpéntico match contra el medianito Éibar podría salir esposado, largar del Cai desde la decepción profunda, amarga, de lo que vimos en la tele me podría llevar ante los tribunales de Justicia, y eso, no. Preguntar por qué tenemos que soportar ese pésimo centro de defensa, cuando Víctor Chus está plácidamente paseando bajo los palmerales de Elche, preguntar quién salió beneficiado de este negociete también podría ser pecado venial. ¿Cuándo va a ponerse bueno Kocachevic? Esto no es culpa de nadie, lo de lesionarse, quiero decir; pero de no traerle un buen sustituto, sí. Asimismo hay que haber hecho con un Taba que jugando minutos era máximo goleador del equipito. Gg., ¿por qué jugaba tan poco? Llenar la prestigiosa camiseta amarilla con tanto subsahariano torpe es de… Porque haciendo un esfuerzo intelectual profundísimo, bondadosísimo, se salva, si acaso, Mussa. Los demás se lo vendemos al Halhilalelilolu de un país del islam que no esté en guerra. ¿Y los fichajes? De equipos recién descendidos como Eldense o Cartagena. O treintañeros pasados de rosca. Y cesiones estrambóticas de equipos ingleses y nacionales.
El lector perspicaz se inquirirá a qué viene el título de esta página. ¿Qué broma es ésta para hablar de partidazo del Éibar-Cádiz? Resulta tan sólo, que, como no puedo mecanografiar más del yellow team, me refugio, por ejemplo, en el partidazo que gozamos los amantes del fútbol, no los fieras que quieren que ganen siempre el Madrid o el Barça a toda costa, sino aquellos a los que nos gusta el balompié duro y puro. Qué partidazo. Después del vapuleo (4-0) del Metropolitano, la eliminatoria estaba resuelta. Pero nati de plasti, porque los granazules se dejaron los tendones en la justa ante los madrileños. Y lo emocionante que es la Copa, un torneo de exterminio. Porque en la Copa lo que valen son los goles y no los puntos. Es muy sencillo. Si tú me marcas cuatro y yo te casco tres, adiós, Pampa mía, ahí te quedas, mientras yo me voy a la final. Porque en la Liga da igual ganar por dos a uno que por once a cero. Y eso no es justo. Puntos, puntos, eso es lo que priva. Un día hablaré sobre ciertos cambios que necesita el deporte regio. Daba gloria ver al endeblito Pedri brujulear por el verde, mandando, templando, como los buenos toreros. Pido perdón a nuestro maravilloso ministro de Cultura por si le molesta mi leve alusión a la Fiesta Nacional. Perdón, caballero Urtasun, excuse me. O la caída lenta de los chicharitos que iban cayendo, uno, dos, tres… Y ahí paró la cosa. Pero qué partidazo. Vivan los dos equipos.
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