El Alambique
Rafael Morro
Pocas luces
En El Puerto, con 15.000 farolas que lucen en el papel, muchas calles se quedan a oscuras. En lecturas reales así están distribuidas: los distritos 2 (Costa Oeste) y 3 (Zona Norte) rondan las 4.000 farolas cada uno; Valdelagrana (distrito 4), unas 2.000; el Centro, otras 5.000 —unas 3.000 renovadas vía EDUSI—. Proyectos, auditorías y expedientes aparecen en la Plataforma de Contratación del Sector Público, a la que cualquier ciudadano puede acceder.
Las redes arden, no de luz sino de indignación, y hasta la prensa local ha puesto el foco: la avenida Santa María del Mar, en Valdelagrana, lleva seis meses a oscuras; robos en coches, caídas, accidentes en pasos de cebra y «miles de incidencias» en la app El Puerto Funciona, que sigue fundida. No es un foco aislado: calle Santa Lucía, Crevillet y El Tejar están en serie y en serio con apagones.
¿Por qué hay oscuridad? No es culpa de la bombilla: muchas farolas son de Led nuevas y están en garantía. El problema es el cable, no la lámpara. Robos de cable, ratas “electricistas” que roen los aislantes y derivaciones por la humedad, están dejando a la ciudad sin voltaje. Las brigadas municipales son tres chispas por la mañana; un camión grúa alquilado aparece cuando puede, pero nunca por la noche, cuando más se necesita. La telegestión y la renovación de un centenar de cuadros eléctricos siguen sin activarse.
La intención de externalizar el servicio sin partida presupuestaria, sin camión grúa propio y sin turnos de noche, solo deriva la oscuridad a manos privadas: una red que podría, además, hacer saltar aún más los plomos y terminar en cortocircuito administrativo. Cambiar la titularidad del servicio no repone el cable dañado, ni pone a un técnico a las 3 de la madrugada; sería como poner bombillas nuevas en una casa sin suministro.
La solución exige más fusibles y menos enchufes; plantillas suficientes con turnos rotatorios que incluyan electricistas y albañiles, flota propia para no depender del alquiler, telegestión que detecte la avería antes de que el vecino saque la linterna, y un plan serio contra el robo de cable. Una atención eficaz de la app, con respuestas filtradas por técnicos, y la reposición ordenada de cuadros eléctricos.
Si vuelves a casa iluminado por el móvil, si esquivas baldosas como quien sortea sombras chinescas, no es azar: es baja tensión municipal. La ciudad necesita corriente estable y mantenimiento. Porque en política, como en la electricidad, lo que cansa no es el apagón puntual… es estar en fase intermitente. Y eso, en una ciudad que presume de luz, sí que son pocas luces.
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