Balas de plata
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Todas las comunidades autónomas menos Cataluña le han dicho a María Jesús Montero que no quieren su reforma del nuevo modelo de financiación fiscal. Estamos hablando de regiones de diferentes colores políticos incluyendo, para mas inri, baronías socialistas. Parece ser que el acuerdo que sacó Oriol Junqueras de Moncloa sólo lo quieren Sánchez y el independentismo catalán, por ello no es de extrañar la reacción coordinada de los demás: a nadie le parece bien.
Se ha atacado a Moreno Bonilla por parte del PSOE-A, indicándole que recapacitara porque con el nuevo modelo de financiación de la que presumiblemente será su rival en las próximas elecciones autonómicas andaluzas, nuestra comunidad percibiría casi cinco mil millones de euros, en vez de los cuatro mil que había solicitado.
Esa cifra es relevante, así que he de suponer que aparte del daño en abstracto —que se afecta al principio de igualdad entre todos los españoles— la cantidad a obtener por Andalucía debería ser muy superior a la ofrecida por Junqueras, digo Montero. El problema es que no nos hacen las cuentas con la claridad que necesitamos. Tantos años exigiendo un lenguaje técnico-jurídico que sea entendible por el ciudadano medio y cuando hablan de fiscalidad no hay quién entienda nada. ¿Trampas al solitario? Es probable también.
Lo que tengo claro es que si Moreno Bonilla se niega a aceptar esta financiación nueva, esos casi cinco mil millones de euros que dice Montero vendrían a la tan necesitada Andalucía, tendrá que obtener de otro modo el importe que necesita para sanar el talón de Aquiles de su mandato: la sanidad pública.
Porque sí, es cierto que la lista de espera para recibir atención médica primaria, para el especialista y para ser intervenido quirúrgicamente, era deficitaria y mucho más que mejorable en anteriores períodos de gobierno, pero tiempo ha tenido ya Moreno Bonilla para dotar de más fondos, medios y financiaciones a la sanidad andaluza, tan necesitada de médicos, enfermeros, auxiliares, equipos, aparatos y pruebas.
La polémica con el cribado de las pacientes con cáncer de mama ha sido algo espeluznante y terrible que no se arregla con la simple dimisión de la responsable. Para dar un paso adelante y que el ciudadano vea que realmente se lucha por su bienestar y no por beneficiar a las clínicas sanitarias privadas, el presidente andaluz tiene que coger tijera y lápiz y embadurnar de valentía los futuros presupuestos generales. Unos que, por otro lado, presumiblemente, tendrán cinco mil millones de euros menos.
Pero esto no va ya de elecciones; o no debería ir, al menos. Cuando hablamos de sanidad, de listas de espera y de la necesidad económica que sufre la sanidad andaluza tenemos que exigir a Moreno Bonilla y a sus consejeros el máximo posible y, si no responden a las expectativas y necesidades, habrá que castigarlos del único modo que entienden: con votos. Así que, ya puestos, me dan igual las comunidades autónomas que se oponen radicalmente al modelo junquerista, las cortinas de humo que suponen las denuncias contra Adolfo Suárez o Julio Iglesias, o cualquier otro ataque que reciba David Uclés: lo que quiero es que Bonilla calle bocas potenciando nuestra sanidad porque eso salvará nuestras vidas. Que no es poca cosa.
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