Análisis

Fran díaz Quintana

Nos equivocamos

Poder y contrapoder no pueden ir de la mano. Esa es la trampa de la estructura del Patronato

Hace poquitos años nos fuimos reuniendo una serie de autores de comparsas en torno a un sentimiento común; no nos sentíamos representados por el que nos parecía un obsoleto Patronato (entiéndase la 'Junta Ejecutiva del COAC'). Crear una asociación de comparsistas, luchar para abrir ese patronato, nos hizo soñar con una nueva forma de organizar y gestionar el concurso más abierta y respetuosa con todas las voluntades.

Y nos equivocamos. Oh, sí, nos equivocamos de pleno. Porque la historia y origen de la copla y del propio concurso nos daba la clave, y no lo supimos ver. El poder y el contrapoder no pueden ir de la mano. Esa es la verdadera trampa de la estructura del Patronato, desde que se creó. El carnavalero no está hecho para gestionar, sino para cantar. No es su rol ostentar el poder, sino criticarlo, atacarlo o reírse de él. Si a esto sumamos que a un concurso uno se presenta para ganar, la competitividad pondrá muy difícil, hasta al más noble de los carnavaleros, separar sus propios intereses de sus opiniones objetivas acerca de qué es lo mejor para el Concurso.

Las 'bondades' de este Patronato se sustentan en varias falacias:

-La representatividad de las asociaciones. No existe control alguno de esta representatividad, y algunas asociaciones o representantes podrían estar ejerciendo el voto contando con un escaso número de personas que asisten a sus reuniones.

-El consenso y el bien común. Jamás la suma de intereses particulares dará como resultado el bien común; porque éste exige observar la realidad desde lo global, y no desde lo particular. El 'bien común' no puede reducirse a quedar bien con todo el mundo.

-La voluntad del pueblo. El Concurso de Agrupaciones pertenece al pueblo de Cádiz, y los carnavaleros solo somos una parte de dicho pueblo, pero no somos sus representantes.

-La gestión de lo público por ciudadanos. Que participen ciudadanos de a pie en la política local me parece una idea estupenda, pero darles mayoría de voto en la gestión complica la función administrativa. Y más cuando se toman decisiones que afectan a dinero público.

Ante todo esto, para mí no queda más camino que salirse. Que todas las asociaciones se levantaran de la mesa del Patronato. Ya sé que no va a pasar, por supuesto. Pero me parecería un acto de coherencia extraordinario. ¿Qué pasaría si el Ayuntamiento asumiera en exclusiva la responsabilidad sobre las decisiones del Concurso? Pues que cada uno volvería a donde debe estar; el gobernante, elegido en las urnas, a gestionar para el bien común y a aguantar lo que le caiga. Y el carnavalero, a cantar y a criticar lo que le plazca, como agente de contrapoder.

En resumen, queridos compañeros: el Patronato es una inmensa trampa para nosotros. No participar de las reuniones hace que unos representantes jueguen a ser políticos en nuestro nombre; pero participar nos hace cómplices del poder y condiciona la libertad de la copla.

¿Qué pintamos ahí, entonces?

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