Crónica de San Juan de Dios

Melchor Mateo

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El discurso de las medias verdades

Kichi habla de derecho a ejercer la huelga y olvida que las detenciones han sido por desórdenes públicos

José María González ‘Kichi’, el día que se dirigió con el megáfono a los trabajadores del metal.

José María González ‘Kichi’, el día que se dirigió con el megáfono a los trabajadores del metal. / Lourdes de Vicente

“Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad”. El filosofo y escritor indio Rabrindanath Tagore, cuando nos dejó para la posteridad esta frase, no podría ni imaginarse cuantas veces se ha cumplido en la humanidad esta especie de sentencia. Uno de tantos ejemplos lo encontramos esta semana con el alcalde José María González ‘Kichi’ y su intervención a través de sus redes sociales tras la detención de seis personas por los disturbios de hace unas semanas en la huelga del metal.

Hablar claro lo hizo y se explayó al llevar la situación a oscuros tiempos del pasado pero también no ha dicho toda la verdad. Las detenciones por parte de la Policía Nacional no se han producido por ejercer su derecho a la huelga sino por originar desórdenes e incidentes públicos. Kichi ha establecido una línea donde todo es blanco o es negro. En una parte están los padres de familia heroicos que luchan por el pan de sus hijos y en el otro el órgano represor del Estado cuando hay muchas escalas de grises, como se ha podido ver en este caso, donde algunos de los detenidos ni siquiera pertenecían al sector del metal. Nada más había que meterse y hacer kilómetros en las innumerables caminatas-manifestaciones que han hecho estos trabajadores por la ciudad par ver que aquel día de los disturbios la gente que había era distinta a la de días anteriores.

Los detenidos han entrado en la rueda del sistema judicial y tendrán ahora su derecho a defenderse y, si llegara el caso, a tener un juicio justo. La justicia es la misma que en numerosos casos por los que ha tenido que ir el alcalde a los juzgados, le ha terminado por dar la razón.

En el conflicto del metal el alcalde ha traspasado la frontera. No se trataba sólo de defender el futuro de esta actividad, que en esta ocasión lo que reclamaba era no perder derechos en el convenio colectivo, algo que es totalmente justificable. Sin embargo, Kichi ha dado un paso más allá y justificó la violencia, los actos vandálicos, como quemar un coche, para que nos escucharan en Madrid. ¿Cada vez que haya un conflicto laboral y caigan farolas, por ejemplo, va a ocurrir lo mismo? Ya sabemos lo que pasó en el caso de los policías locales, a los que prácticamente se les acusó de intento de golpe de Estado al irse de las manos una manifestación en San Juan de Dios y poner dos botes de humo en la puerta del Ayuntamiento que obligó a desalojar el edificio cuando se desarrollaba un pleno telemático.

En José María González también se ha podido ver desde que recibió el bastón de mando en San Juan de Dios poco cariño hacia los cuerpos policiales. Todo comenzó cuando se puso del lado de un vendedor de pescado ilegal en una actuación impecable de una pareja de policías locales en la calle de la Rosa.

No se dice toda la verdad porque no ha habido cientos de detenidos por ejercer su derecho a la huelga. Eso sí que nos llevaría a tiempos pasados que afortunadamente cada vez quedan más lejos. Lo han sido seis personas por todos los desórdenes públicos que hubo aquel día. Ni más ni menos.

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