La esquina del Gordo

De la demagogia a la apología

La debacle está servida cuando la asumen como doctrina las masas cerriles indocumentadas

Demagogia, según el diccionario, es "Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular", pero también la define como "Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder". Para que nos entendamos: caca, culo, pedo, pis.

Con la apología se muestra más circunspecto: "Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo". No especifica si la defensa o la alabanza ha de ser de causas justas o de canalladas manifiestas, aunque esto, como usted sabe, entra de lleno en la órbita de la ética y de la deontología, sutilezas cada vez más etéreas que no cuentan para lo que en la actualidad se entiende como políticamente correcto, caso de que alguna vez se haya tenido la intención de ser modelo de conducta.

El pasado domingo, Rafael Padilla publicaba en este mismo Diario uno de sus magistrales artículos de opinión bajo el título Sánchez nos amenaza. Se refería a que después de lo ocurrido electoralmente en Andalucía, Pedro Sánchez pronunció un vomitivo discurso que al articulista -ni a nadie con dos dedos de frente- conseguía calmarle la indignación. Decía Rafael Padilla: "Las amenazas que allí vertió, además de teatrales, sectarias y prematuras, constituyen una ofensa inadmisible al dictado de unas urnas que, le guste poco o nada, decidieron colocar a su partido extramuros del poder". Ese discurso, en boca de Sánchez, se resumía con estas palabras amenazadoras: "Si el próximo Ejecutivo andaluz 'recorta derechos y libertades recogidos en leyes aprobadas en el Parlamento de España' o 'pone en cuestión la seguridad de las mujeres', el Gobierno utilizará todos los instrumentos a su alcance". Y Padilla, con su habitual agudeza, remataba: "Los cojones, Pedro, los echas en Barcelona y con tus amigos los independentistas, a los que -manda huevos- mimas, consientes, halagas y disculpas. Sería de traca que el famoso 155 terminara aplicándose en Andalucía y no en el infierno catalán, posibilidad que el propio Sánchez deja abierta y que, de ocurrir, pondría asombrosa guinda a sus muchas ruindades".

Aprovechar como lección el artículo al que me refiero, tómenlo como consecuencia de que, en general, el cabreo hispánico está llegando a límites impensables; también sirve para abordar mi artículo de hoy sobre la demagogia y la apología. Malas ambas siempre y peor si se hace desde la soberbia del Poder cuando éste está sentado sobre los enemigos de España como nación; pero la debacle está servida cuando lo asumen como doctrina las masas cerriles indocumentadas, las que van con el botafumeiro que, seamos justos, no se usaba para ensalzar al Apóstol, sino para disimular los olores nauseabundos que portaban los peregrinos.

Como siempre ha pasado con la demagogia y la apología cuando de desmadra, como pasa con los que hoy la ejercen para tapar las vergüenzas de los filibusteros que quieren el Poder a toda costa para hacer lo que les salga a ellos de los cojones.

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