El cartel

22 de enero 2026 - 07:00

El pasado domingo, en el Auditorio de San Miguel, se presentó la imagen con la que nuestra Semana Santa será anunciada en nuestra ciudad y, evidentemente, fuera de ella. Como se suele decir, el cartel es el pregón gráfico de la Semana de Pasión y, como buen pregón, debe despertar en quien lo ve una serie de sentimientos que lo trasladen al momento que recoge, en este caso, la fotografía.

No me las quiero dar, porque no lo soy, de experto en fotografía, ni mucho menos desmerecer al autor, ya que la labor que realiza el colectivo de fotógrafos durante la Semana Santa es digna de admiración. Pero sí quiero manifestar que nuestro cartel lleva algunos años sin estar a la altura de nuestra Semana Santa.

No quiero usar mi dedo en este artículo para señalar a nadie, pero sí quiero dejar exento de culpa a quien realiza la fotografía. Pienso que lo que falla es el propio criterio a la hora de elegirla. Y no porque el jurado no sea experto en la materia, que lo es, sino porque, como todo evoluciona, quizás debería estar acompañado por alguien experto en marketing. Siendo fríos, el cartel es para vender nuestra Semana Santa y, en mi opinión, la vende poco.

El romanticismo de verlos en los escaparates que antiguamente ocupaban casi por completo ya se ha perdido; hoy apenas se ven. Los carteles, hoy en día, traspasan las fronteras de nuestra ciudad en el primer minuto de su publicación y llegan a más lugares y hogares que antes, por lo cual no parece una barbaridad pensar que los criterios deben cambiar.

Es cierto que estamos viviendo una corriente artística en la cartelería en la que, en algunas localidades, se está saliendo completamente de la estética cofrade. Quizás en nuestro Puerto pequemos de tener miedo a encargar un cartel a un artista, o, si no queremos arriesgar, de elegir una fotografía algo más distinta. Veo durante la Semana Santa a fotógrafos por todo el recorrido y, sin embargo, casi todos los carteles se realizan dentro o fuera de la Basílica.

Y no puedo pasar esto por alto, y que me perdonen mis amigos del Consejo; se cambió el formato de la presentación del cartel, tipo exaltación, porque se alargaba demasiado en el tiempo y había que hacer algo más sencillo, práctico y cómodo para el asistente al acto, y han conseguido todo lo contrario.

Lo mejor, sin duda, las cinco marchas que nos regaló Maestro Dueñas; eso sí que nos trasladó a los días de la Pasión, eso sí que fue un cartel sonoro.

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