El Alambique
Jesús Andrades
Andalucía
Andalucía es un ramillete de ocho claveles color rojo, sangre de toro. Ocho claveles formados por los pétalos de sus pueblos y ciudades.
No ha comenzado ni bien ni bonito para nuestra comunidad autónoma este año 2026. Entre trenes, borrascas y cribados, se ha centrado toda la actualidad en nuestra tierra. Toda España pendiente de Andalucía. Y precisamente no por nuestro sol, ni por nuestras fiestas, ni por nuestras playas, sino porque la desgracia también, a veces, tiene ese abrazo frío con nosotros, con los andaluces.
En una sociedad tan polarizada, creo que más que nunca, entre discursos políticos que no llevan a nada más que a perder tiempo y ganar sueldos; entre quienes asumen errores a regañadientes, mientras los que no piensan igual celebran la victoria de errores que no son suyos… qué triste.
Mientras todo esto sucede, pasa el día a día de nuestra tierra. Unos días que han sido, y para muchos siguen siendo, duros después de todo lo ocurrido.
La semana que viene celebramos el Día de Andalucía. Se me vienen muchos recuerdos del patio del colegio La Salle. Cañita en mano, en la que, pegada con pegamento “Imedio”, se encontraba esa bandera blanca y verde que habíamos coloreado días antes en la clase de plástica. La flauta dulce de los niños más mayores que nosotros hacía sonar la melodía de nuestro himno. Celebrábamos y cantábamos lo que Blas Infante escribió allá por 1933. Éramos niños aún sin identidad.
Hablaba antes de la polarización, la que vive un gran momento. La que nunca hizo bien y la que nunca hizo falta.
Andalucía y su gente, cuando actúan de corazón, relucen una preciosa humanización. Sin colores, sin identidades y sin mirar el pasado. Un pasado que casi fue aceptado con resignación, con perdón, con unidad y con respeto.
“El pueblo salva al pueblo” es una frase que ha sonado mucho en estos dos meses que llevamos de año aquí, en Andalucía.
Pues hagamos honor a la misma, mantengámosla en el tiempo y que ningún discurso político nos haga peores personas. Porque, aprovechando que estamos en Cuaresma, ahí está el diablo.
En tus manos está: polarización o humanización.
Andalucía tiene un corazón enorme.
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