Puente de Ureña
Somos ansí
Un escritor contemporáneo de Cervantes, Juan de Mal Lara, inventor, aunque discutido, de la estructura de la décima, que luego se llamó espinela, y a la que popularizó Vicente Espinel, fue la persona encargada del exorno artístico para la galera de Don Juan de Austria, nave capitana en Lepanto. Y ése mismo año, 1571, de la batalla que él exornó, murió, posiblemente sin haber conocido la victoria. Esos azares se dan, se daban y se darán, per saecula saeculorum.
¿Construir un palacio para la masacre? ¿Cuánto dinero movían y mueven las guerras? ¿Cuánto dolor? El cronista Luis Cabrera de Córdoba nos relata la batalla naval de Lepanto: "Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba… El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos…El horror, de horror, es definido en su máxima expresión, y ese horror y masacre exaltado por Cervantes como, la más alta ocasión que vieron los siglos… y Cervantes, un soldado enfermo, participó desde el esquife de la galera tirando piñas a los turcos para crear confusión mientras se recargaban los arcabuces.
"Hijos, a morir hemos venido, o a vencer si el cielo lo dispone" fue la arenga del bastardo de los Austrias a los soldados en batalla. Siempre la muerte para el soldado, la muerte como un orgullo, la muerte siempre, las medallas, el reconocimiento póstumo. La fosa. El monumento.
Nunca hubo una paz duradera. Ni total. Ni que sirviera para un tiempo. Fue el 7 de marzo de 1573 cuando se firmó un tratado de Paz, dando por concluida la guerra entre Venecia y la Sublime Puerta. Los venecianos vencedores en Lepanto se convirtieron en vencidos, firmando un documento que cedía Chipre al imperio Otomano al tiempo que fijaba una indemnización de 300.000 ducados a favor de los turcos. El Papa había muerto. Los intereses, como siempre, cambiaban.
Pero Cervantes la ensalzó, exaltándola. "Y aquel día, que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban creyendo que los turcos eran invencibles por la mar, en aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada, entre tantos venturosos como allí hubo (porque más ventura tuvieron los cristianos que allí murieron que los que vivos y vencedores quedaron). Elevación de la muerte a los altares y al olvido.
Siento que la muerte sea siempre el talón de Aquiles de la verborrea, del patriotismo, y las políticas adversas. La batalla fue, como siempre, una apuesta del poder contra el poder. Cervantes murió cuasi pobre. Lepanto no fue nunca la más alta ocasión que vieron los siglos. Como curiosidad histórica podemos añadir que ya en el siglo XIX Cervantes fue nombrado por su condición de "ilustre inválido de Lepanto y gloria de los ingenios", coronel honorario del Cuerpo de Inválidos de la Patria, y como tal así figuraba su nombre encabezando el escalafón de esta benemérita corporación militar, ya extinta. La guerra es dinero, solo dinero y ambición que flotan en la oscuridad del dolor y la muerte. Así, creo, que se le ocurrió a Don Miguel la locura para Don Quijote.
También te puede interesar
Puente de Ureña
Somos ansí
Las heridas de la borrasca
El parqué
Temores sobre la IA
El parqué
Disparidad en los mercados
Lo último