#Valorcesto

Cientos de familias y de niños de toda España vestidos con camisetas coloridas han disfrutado de la belleza del basket y del sol que ahora huye, de la ciudad y toda la Bahía de Cádiz: eso sí es turismo, eso es calidad

Ha ganado Andalucía. Ha vuelto a ganar Andalucía. En masculino. En femenino. En Minibasket. En Alevín. En San Fernando. En La Isla. Casi una semana ha durado el campeonato de España de baloncesto que consiguieron ayer las dos selecciones andaluzas en la antesala de un jueves santo que llorará mareas verticales para dolor de cofrades y solaz de los que odian los cortes de calle, las manchas de cera en el piso y el aroma del incienso limpiando bronquios en primavera.No sé ya cuántas ediciones van, cuántas veces ha retornado Fernando Romay a nuestras tierras desde que hiciera aquí el servicio militar obligatorio, cuántas veces ha disfrutado Jorge Garbajosa de la hospitalidad de una ciudad que se vuelca con el baloncesto, con los niños y con sus familias aunque haya dejado de venir Pau Gasol.

En baloncesto, los blanquiverdes somos élite; al menos en estas categorías. Luego, los niños crecen. O dejan de crecer. La selección masculina arrolló a sus rivales con virtuosismo y velocidad y la femenina navegó entre complicados escollos consiguiendo adueñarse del tesoro oculto en la isla de las piratas. Sus rivales fueron Cataluña y Cataluña. Pero esto es Cádiz, el resultado nos da igual. Está bien haber ganado por duplicado pero el baloncesto no habla solo de victorias; más bien de lo contrario.

Veo estos jugadores y pienso en cómo perseveré en canchas vacías hasta conseguir tocar el aro, de qué modo aprendí a levantarme del suelo tras un bloqueo malintencionado, cuántas veces sufrí a ese entrenador que tanto me enseñó, en cómo pedí a los Reyes Magos que me regalaran un balón para que los niños de mi clase me dejaran jugar en el recreo. No sabía botar, pero me encantaba el baloncesto. La pelota venía firmada por Magic Johnson: yo residía en la infancia; era eternamente feliz.

Cientos de familias y de niños de toda España vestidos con camisetas coloridas han disfrutado de la belleza del basket y del sol que ahora huye, de la ciudad y toda la Bahía de Cádiz: eso sí es turismo, eso es calidad. Es la magia de un deporte que premia el grupo, el esfuerzo, el sudor, la perseverancia. Sin el corsé ni la presión que se sufre en categorías superiores, las jóvenes promesas del baloncesto nacional han vivido una experiencia única e inolvidable en San Fernando junto con sus padres, compañeros y entrenadores.

Hay que felicitar a la Federación Española y a todas las instituciones y entidades participantes, entre las que por supuesto están los clubes locales y sus entusiastas voluntarios. El pabellón de Bahía Sur vibraba ayer en la entrega de trofeos a los equipos con una sola voz, el clamor único y voraz de la felicidad infantil, el eco sin fin de una palabra que significa más de lo que parece, que define un deporte noble y distinguido, alejano de los vicios y decrepitudes que asolan otros campos: me refiero, claro está al #Valorcesto.

Buen viaje de vuelta a todos los equipos. Os esperamos de nuevo en La Isla el año que viene, Jordan mediante.

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