El Alambique
Libertad Paloma
Felicitación
Dice el diccionario que trapichear es: "Ingeniarse, buscar trazas, no siempre lícitas, para el logro de algún objeto". Al paso que vanos algún día añadirá: "Forma habitual de hacer política, sobre todo en España". Pero dejemos esto de momento y vayamos al origen de la palabra.
Se cuenta que su uso data del siglo XVI y que su origen es del latín trapiche, rudimentario y artesanal molino que en algunos hogares servían para extraer el jugo o moler algunos frutos y cereales (aceitunas, trigo, caña de azúcar, etc…). Pero como eran muchas las familias que solían utilizar uno de estos trapiches con el propósito posterior de intercambiar, vender o menudear de forma ilegal con los productos resultantes, esa acción comenzó a ser conocida como trapicheo. Queda claro, pues, que trapichear nace con la intención de comerciar fraudulentamente.
O sea, que si usted hoy contempla acciones realizadas bajo cuerda, alguna triquiñuela sin luz ni taquígrafos, alguna componenda al servicio de intereses particulares, algún silencio sospechoso, algún ex alto cargo puesto a dedo en consejos de administración de empresas estratégicas, algún impuesto abusivo, no dude de que se trapichea a su costa. Naturalmente no digo que todos esos supuestos existan, posiblemente sean el resultado de imaginaciones calenturientas y a falta de otros argumentos creativos, los partidos los usen para bombardear al contrario, adversario o más concretamente enemigo. Y vamos a dejarnos de eufemismos.
Sin ir más lejos fíjese, por ejemplo, en lo que está ocurriendo con el Tribunal Constitucional, que los propios magistrados, ofendidos, han puesto el grito en el cielo viendo la publicidad que los políticos hacen poniendo de manifiesto que son ellos los que deciden y que los magistrados se limitan a obedecer. No dicen nada que no se supiera ya que son los partidos los que los ponen allí y los que, consecuentemente, dicen lo que tienen que votar y defender. Y subrayo, no se quejan de que esto ocurra, sino de la publicidad prepotente de la que hacen alarde los de todas sus castas. Pese a lo evidente, es de tanta gravedad el asunto que si hubo un tiempo en que pertenecer a ese Tribunal supuso el más alto premio a una carrera brillante, en la actualidad significa una afrenta dado los procedimientos que se emplean y que se airean sin recato. No es de extrañar que la gente crea que España es cada vez más corrupta cuando muchas, demasiadas acciones del Poder político terminan en los Tribunales.
No le dé más vueltas, este y no otro, es el trapicheo moderno donde ni siquiera las ideologías deciden, caso de que las ideologías fueran determinantes y no pretextos para la supervivencia de los trapicheros, ante los cuales -¡ríndase, canalla!- está usted indefenso.
Reconozco que estos razonamientos podrían interpretarse como elucubraciones malévolas, cuando en realidad no son más que esfuerzos pedagógicos o intentos de mostrar que hasta las monedas de oro tienen dos caras. También, cómo no, que no son de oro todas las que relucen.
Pero así va la cosa. Porque, ¿qué es si no un congreso de partido? Los últimos celebrados, ya sean a cara de perro, ya por ser vos quien sois, no dejan de ser trapicheos.
Y la casa, como siempre, sin barrer.
También te puede interesar