El Alambique
J. García de Romeu
A los que se fueron
Queda mucha liga por delante, pero a la vista del primer partido en casa nos vamos haciendo una idea de lo que nos podemos encontrar en los partidos del Cádiz. El equipo de Cervera siempre se ha sentido mas cómodo cuando el balón lo tiene el rival y lo espera agazapado a que cometa un fallo. Pero el problema de darle el balón al rival es que te lo puede colar en la portería antes que tú. Y cuando eso ocurría la pasada temporada daba la impresión de que en la mayoría de ocasiones no había plan B y que los rivales nos metieran el primer gol era un sinónimo casi seguro de condena a muerte. El guión parecía repetirse en el estreno liguero: cómodos sin balón, dejando jugar al Levante y pasó lo que puede pasar, que nos clavaron el primero y los granotas se marchaban al descanso merecidamente con un 0-1 que, visto lo visto en los primeros 45 minutos, parecía casi definitivo.
Pero el Cádiz volvió a sacar de la chistera lo que se le vio a cuentagotas el pasado curso. Cuando le falló la cabeza empezó a funcionar el corazón. Pero un corazón no a lo loco, sino con cierto sentido. Nada de suicidios, sino un juego mas orquestado con el "vamos, que podemos" de fondo en toda la segunda parte. Y al final, aparecieron las musas con un empate de regalo sobre la bocina. Bueno, en realidad las musas bajaron diez minutos antes del empate, cuando lograron abortar el segundo del Levante tras un tremendo error defensivo. Pero el que la sigue la consigue y el gol de Espino puso el premio al tesón del Cádiz en la segunda parte.
Y con eso me voy a quedar. Con el tesón, la casta y la fe hasta el último minuto. Se puede perder la táctica, los dibujos la pizarra y se puede ir al mismísimo garete el estudio en vídeo del rival. Pero si cuando todo eso salta por los aires no sale a relucir la casta, estás muerto. Y el Cádiz no quiso velatorios en el estreno de la temporada 21-22. Llegarán llantos, seguro, pero el equipo no quiso que el sábado fuera el día. Mas allá de los nombres, de los millones, de los entrenadores mediáticos y de la chera infinita existe algo en el fútbol que puede derrotar a todo eso. Y es tan sencillo como creer que se puede hacer. Et voilá. Con la entrega del pasado sábado no me preocupan los fichajes que puedan venir o no. Siempre preferí a los Manolitos o Chicos Linares antes que a un Messi desmotivado. Y si este es el Plan B de esta temporada, estamos de enhorabuena. Fe hasta el final.
Está claro que no siempre se aparecerá la Virgen en el último minuto, pero a diferencia de las apariciones marianas en el fútbol los milagros suelen ocurrirle al que los busca. No sé si el empate hará mejor al equipo para el partido de hoy, como mantiene Álvaro Cervera. Lo que sí tengo claro es que de ese empate in extremis se saca una valiosa lección; que para poder hay que querer. Y con estos mimbres nos plantamos hoy en el Benito Villamarín, con la duda de si nos saldrá bien eso de darle el balón al Betis. Y si no, que aparezca el Pan B. Bueno no, mejor el Plan FE.
Llega otro derbi provincial, en esta ocasión contra la Balona, del cual existen 11 antecedentes en competición liguera a pesar de que durante medio siglo nada más que se vieron las caras en una oportunidad, con ocasión del efímero paso del Cádiz por Tercera División en la temporada 1969/70. Los campogibraltareños sólo se adjudicaron la victoria en cuatro de los cinco encuentros disputados en los años 40 del siglo XX, pero siempre se impusieron marcando cuatro o seis tantos. Por cierto, de los autores de los goles visitantes en dos ejercicios no existe constancia en las crónicas publicadas por los periódicos gaditanos de la época. Cuatro de los siete enfrentamientos restantes acabaron en tablas mientras los tres que completan la lista depararon triunfos amarillos. / W.D.
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