Crónicas del retornado

Guillermo Alonso Del Real

Cantamedallas

08 de agosto 2021 - 01:35

El gato Pipo y yo estamos realmente agotados. Yo desde mi posición de extremo sofá y Pipo en la suya de centro de mi barriga saltamos de esfuerzo en esfuerzo y de competición en competición sin parar y con un entrenamiento insuficiente a todas luces.

Nosotros, como casi todos los españoles y supongo que personas de muchas otras nacionalidades estamos hechos unos "cantamedallas", que es la versión olímpica del "cantamañanas" de toda la vida. Según la definición académica: cantamañanas.- coloq. Persona informal, fantasiosa, irresponsable, que no merece crédito. Yo creo que no es para tanto, me resulta excesivamente peyorativo, pero si lo dice la RAE, pues sus razones tendrá. Puntualicemos.

Fantasiosos sí, de acuerdo, porque acabamos creyéndonos cosas completamente fuera de nuestro alcance. Por ejemplo, oigo y veo en la tele que "hemos" obtenido un diploma olímpico en captura de grillos en matorral y le trasmito la noticia a Pipo. ¿Hemos? ¡Válgame Dios! Pero si nosotros de aquí no nos hemos movido y, desde luego, nuestro interés en la caza de estos pobres animalitos se esfumó allá en nuestra remota infancia. El uso del plural para proclamar éxitos deportivos resulta en verdad sorprendente. La señora Petra, que estaba pelando patatas frente a su televisor descubre con perplejidad que "hemos" ganado la plata en triple salto y, con un poco de suerte, va y se lo cree. Ella, que estaba observando una rigurosa dieta para bajar de los noventa kilos. El señor Arturo, que es de secano y nunca logró mayor éxito acuático que no resbalarse en la ducha, constata que "hemos" obtenido una memorable victoria en polo acuático frente a un temible rival.

Comprendo las miradas escépticas que me dirige el señor Pipo cada vez que me ve botar en el sofá para mostrar mi entusiasmo ante un gran éxito de la selección española de embaste de mulas, deporte que si, por el momento, no es olímpico, todo llegará cuando una federación poderosa e influyente se ponga a ello.

Resulta complicado sustraerse a los ataques de patriotismo que genera la cosa olímpica en todos nosotros, los infelices cantamedallas. Por ejemplo, al retornado el fútbol le importa un pito en condiciones no olímpicas, pero se le puede sorprender retrasando el sacrosanto horario de comidas porque coincide con un partido de balompié de España contra Surinán o contra Malta o contra quien diablos sea.

Y si solamente fuera el fútbol... Pero, qué va. Merced a la olimpiada mis conciudadanos acaban interesándose una barbaridad por deportes en los que jamás habían reparado. Por ejemplo, el mentado polo acuático o el hockey sobre falsa hierba. Como resulta que un puñado escaso de conciudadanos nuestros juegan muy bien a esos deportes, crece la oleada de interés y hasta de triunfalismo. Ocurre que, finalizada la competición,.esos y otros deportes de los llamados minoritarios volverán a sumirse en el olvido y en el anonimato. Sólo sus sufridos y bravos practicantes seguirán sudando en duros entrenamientos y en partidos de muy reducido público y nula atención mediática.

Volviendo a la definición académica del cantamañanas, ahora cantamedallas, a quien se califica de irresponsable, diremos que algo de eso sí que hay, especialmente en los poderes políticos y ec onómicos que tienen que ver con el deporte. Prueba de ello es la escas atención que unas y otras prestan a los deportes no masivos. Lo mismo se puede decir de los medios de comunicación. Abra usted las páginas deportivas de cualquier periódico y verá cómo todo es fútbol y más fútbol. Salvo, claro está en las ocasiones raras de competición continental o mundial, como es el caso de unos Juegos Olímpicos. En esos casos todos a contar medallas y a aullarlas a pleno pulmón. ¿Y el deporte de base? ¿Qué tal van el deporte escolar y el universitario en este querido País nuestro?

Como todas las cosas, la actividad deportiva tiene su cara y su cruz. Eso ya lo registró Don Antonio Machado cuando se mostraba escéptico sobre lo que contribuye el deporte a la formación de una personalidad. Otra cuestión que le preocupa algo a uno es la de ver a cincuentones o cincuentonas más bien obesos empeñados en corretear en atuendo deportivo por la playa o por las calles. Evidente amenaza de infarto o golpe de calor. A buenas horas mangas verdes, que decía el otro.

Aquí en Chiclana se practica mucho deporte, y eso está muy bien. Al margen de éxitos deportivos conocidos por todos, hay muchos y buenos deportistas de a pie. Lo celebramos de todo corazón.

Lo que ya no celebramos tanto es la existencia en bastantes localidades de la provincia de escuelas futboleras infantiles, que lejos de propiciar el espíritu deportivo juegan con el estúpido aliento familiar para la obtención de un campeoncito lucrativo a largo plazo. Eso nada tiene que ver con el deporte. ¿O sí?

Finalizaré declarándome un cantamedallas más. Sin ningún tipo de pudor, qué puñeta.

stats