Tribuna

Liana Romero

ATLÁNTIDA, MITO O REALIDAD

11 de noviembre 2023 - 01:00

¿existió una civilización denominada Atlántida?, ¡Qué gran enigma! Un continente perdido en la nebulosa de nuestro pasado.

Desde que Platón nos lo menciona en sus Critias y Timeo, el interés por desenterrar la Atlántida de bajo tierra, arenas o sacar a flote vestigios sumergidos no ha dejado de intrigarnos y, recientemente, ¿ se está convirtiendo en una histeria colectiva? Con la debida prudencia, los “descubridores” lanzan campanas al vuelo y cuando observamos el interés por el asunto por parte de los profesionales, se me altera el pulso, ¿al fin emerge la Atlántida de las aguas dormidas?

Veamos. Cierto enviado de Platón , Solón, visita Egipto y regresa con la mochila llena de información acerca de una civilización grandiosa, información que le había trasladado un sacerdote en Sais. Un reinado que existió alcanzando un vasto territorio entre Santorini y las columnas de Hercules (Heracles). Desde entonces venimos estudiando mapas para averiguar donde localizamos la elusiva Atlántida.

Personalmente, me inclino por Andalucía: Coto Doñana, Sevilla, trazando entre los ríos Odiel y Tinto, aunque los vestigios hallados en Hinojos (Cancho Ruano) me despista.

Michael J. Martínez Blanco nos comparte conocimientos fidedignos en su libro Atlántida, la historia del imperio calcolítico.

Otras fuentes que sustentan la ¿leyenda? vienen de las menciones Aviano, en la Ora Marítima, Cayo Plinio, Plutarco, Arriano, Estrabón y Felipe 11 deja en el Escorial unos escritos (Arias Montano) acerca de que los reyes hispano-atlantes alcanzaron vastos territotios.... También contamos con el testimonio de Orellana, quien encontró mapas en manos de los nativos en Venezuela y en dichos mapas aparece ¡la Atlántida!, al tiempo que, junto con otros pueblos, aztecas, incas y mayas, todos ellos aseguran ser descendientes de una civilización de más allá del gran Océano.

Por todos estos retazos históricos, hoy día renace el interés por descubrir la Atlántida. ¿Seremos nosotros los andaluces los que pisamos terreno tan codiciado? ¿En el Golfo de Cadiz?

Esporádicamente, surgen actividades arqueológicas sobre el terreno como la que se llevó a cabo con la colaboración de la Universidad de Hartford, EEUU, representada por el profesor Richard Freud, obteniendo apenas resultados positivos. Rosa de Luna, incluso Jacques Cousteau, que con cierto gesto de nostalgia me confió señalando con el dedo hacia Doñana: “Platón no alucinaba cuando relató la existencia de la Atlántida. Puede ser que los cimientos se encuentren bajo los adoquines en Sevilla, pero el imperio se inició ahí’’.

Hasta Hércules puede confundirnos cuando organizó una red de sendas por donde conducir los toros de Gerión. Vías que más tarde mejoró y utilizó Alejandro Magno para enviar avanzadillas de tropas con la intención de alcanzar África ( propósito abortado por el fallecimiento prematuro de Magno).

Curiosamente, esas ¿calzadas? han permanecido a merced de las mareas del desde entonces, ofreciendo bloques alineados con cortes precisos y geometrías provenientes de la mano del hombre. ¿Qué hombres? Las fotografías confunden ¿Obra de la naturaleza? Volvemos a la incógnita y surgen versiones de todos los colores sobre el origen de la Atlántida.

Se cuenta que fue una civilización fundada por Tubal, hijo de Jafet, nieto de ¡Noé ! Otra versión se remonta al inicio de la creación de ciertos dioses inmortales que dividieron la tierra en parcelas y a Poseidón le correspondió la Atlántida. Éste se enamoró perdidamente de una bella habitante, Cliteo-Clito, con la que fundó una familia y un reinado. En resumidas cuentas, una civilización. Engendraron 10 hijos, entre ellos Atlas. Allí habitaban gente de paz, grandes navegantes, comerciantes, agricultores, estrategas en ese período Calcolítico. Por su lejanía en el tiempo, nos complica la investigación. Teniendo a Jesucristo por referencia, bailan las fechas.

Un descubrimiento intrigante radica en la estela hallada en Cancho Roano, donde aparece el diseño de la ¿Atlántida?, consistente en una serie de círculos concéntricos repartidos entre tierra firme y canales navegables, y en lo más alto, en el centro, el templo a Poseidón y el Palacio Real. Existían viviendas, hermosos jardines, mercados...

A estas altura, debería mencionar el oricalco, metal en posesión de los Atlantes y apreciado enormemente por los egipcios, que solían enviar naves en busca de oricalco, periplo que duraba unos tres años de ida y vuelta. Oricalco significa “cobre de la montaña’’. Quizás extraído de la montaña de Aznalcollar (Sevilla), donde abundaba de tal manera que solo era preciso agacharse en determinadas calzadas para hacerse con e metal. El oricalco es una aleación de metales, estaño, cobre y ¿zinc?, ¿oro? El caso es que una pieza hallada, brilla como el sol. Un anillo altamente sospechoso de ser de este metal.

Nadie, insisto, nadie, ni los videntes de turno, pueden afirmar haber localizado la Atlántida, y ojalá me equivoque. Aunque no todas las configuraciones rocosas bajo el mar son vestigios atlantes. Como mencionaba en el siglo XII el geógrafo árabe Al-Idrisi, el que denominó los caminos empedrados ¿arrecifes?

En el Calcolítico, las orillas del Coto Doñana alcanzaban mar adentro más de cien metros, por lo que da pie a la posibilidad de haber existido construcciones humanas, actualmente visibles bajo el agua del mar. ¿Qué representan 8 torres, algunas en pie y otras en mal estado, que se alzan entre las desembocaduras de los ríos Odiel, Tinto y Guadalquivir?

No transcurren días sin que la Tierra deje de recordarnos su intranquilidad, provocando con harta frecuencia temblores descafeinados.

¿Qué ocurrió con la Atlántida? ¿Con qué prueba contamos que nos aclare el final del continente no olvidado? ¿Fue un tsunami con olas de cien metros de altura? ¿ Olas trepa ndo despiadadamente hasta Cancho Roano? Va a ser que no. No existen olas de 100 metros de envergadura como tal, pero no descarto el tsunami, ¿o fue una avalancha de fango procedente de las colinas de allá arriba bajo los efectos de lluvias torrenciales? Lo menciona Manuel Cuevas con lógica.

Claro que la falla atlántica es temperamental, duerme pero no está muerta. Pudo ocurrir un tsunami que viene mencionado en los Diálogos de Platón, Sócrates y Hermócrates, cierto. Tsunamis de diferentes potencias se producen en el Golfo de Cádiz de vez en cuando, basta recordar el devastador del 1 de noviembre de 1755. Fue de tal calibre el maremoto que ocasionó que las campanas de la iglesias repicaron solas.

Devastador es el final de fiesta, lo que se llama recurrencia cíclica. Por supuesto que acepto el hecho de que el efecto del maremoto produjera un tsunami de tal envergadura que borró la Atlántida del mapa. Hubo otros barridos costeros entre el 245 AC y el 382 DC.

Desaparecieron poblaciones costeras como la registrada frente al cabo San Vicente en el 382 DC. Repetidamente, en 350 y 395 DC, parte de la actual Bolonia (Tarifa) se fue al garete. Ojo a las fracturas sumergidas en el Golfo de Cádiz, muy profundas. Y hoy día continúan desgarrándose. Entre Azores, Gibraltar y Tunez han sido registradas con nombre propios: Gorringe, la Herradura, el Banco de Portimao y la Falla Cádiz-Oeste. Un tema para desarrollar en próximo capítulo.

Hoy tenemos en el punto de mira un hallazgo sensacional en el Golfo de Cádiz. Si fuesen vestigios de la civilización perdida Atlantis, está por ver, pero cuando el río suena, agua lleva. Debemos de dar crédito a un trabajo importante pero siempre desconfiando de las apariencias.

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