El parqué
Rebote generalizado
En los vientos cabalga libre la voz de Robe Iniesta, ahora para todos los tiempos. El extremeño irreverente, el poeta del rock progresivo, estaba hecho de puro viento. Era tempestad y calma en el mismo preciso instante, como solo sabe el viento. Sus canciones hablaban a menudo de viento porque él era el viento. Por eso es eterno.
Cuando la pasada madrugada una sacudida de viento abrió el ventanal, se escucharon los Puntos Suspensivos que Robe siempre dejaba a su paso, para que así los puntos tuvieran espacios para fluir, para huir de lo categórico que es un final. Enemigo de los corsés de las etiquetas, de recurrir a la infantil nostalgia y de los que ponen barreras. Robe se va para ser el presente que tanto amó, para vivir a través de los tiempos y transitar los vientos.
"Sé que puede que mañana ya no nos quede nada, y ya nada importe. Voy alzando la mirada, y casi no se ve nada, nada que importe. Tal vez si pudiera hablarte de si fuera cierto que el poder del arte bien nos pudiera salvar de una vida inerte, de una vida triste, de una mala muerte". ¿Recuerdas la primera vez que escuchaste la voz rasgada de Robe en una tarde de viernes? ¿Y de aquella vez que se iluminaron los ojos del amor de tu vida bajo los focos de un concierto de Robe? ¿Y de aquel pogo con aquellos rostros de amigos y desconocidos llenos de euforia y alcohol? Todas esas veces, el poder del arte de Robe te salvó. Y es todo lo que nos queda.
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Leyenda en vida del rock español, Robe supuso la puerta de entrada a la música de varias generaciones. Desde su visión librepensadora, honesta e intransigente, inspiró a cientos de grupos que hoy giran en el panorama nacional. La mente de Robe quedará a la posteridad como una de las más creativas y clarividentes de la historia de la música, pasando del rock transgresivo de los primeros años de Extremoduro al progresivo de discos como la Ley Innata. La antesala a ese disco-canción fue Pedrá, un experimento de casi 30 minutos que advirtió sobre las ambiciones de Robe.
Su poesía inspirada en la pluma del poeta Manolo Chinato, a quien Robe sacó de los campos castellanos para darlo a conocer, recorre cada día kilómetros de carreteras, acompaña los insomnios, aconseja cartas de amor, acunan las nuevas vidas que respiran rock. Como en todos sus finales, recuerda amar para ensanchar el alma. Hasta siempre, siempre.
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