Arte
El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
Miguel ángel solá. actor
Es uno de los rostros más conocidos del cine y la televisión por su interpretación en películas como Plenilunio, de Imanol Uribe o series como Desaparecida o Lobos y arrasa en el teatro interpretando a personajes que no reniegan de los sentimientos, sino todo lo contrario, como ocurre con el autor teatral al que interpreta en Por el placer de volver a verla, dirigida por Manuel González Gil y que se podrá ver mañana en el teatro Pedro Muñoz Seca de El Puerto.
- 'Por el placer de volver a verla' se ha estrenado muy recientemente. ¿Qué tal acogida está teniendo en estas primeras funciones entre el público?
-Está pasando lo mejor: aforos completos, el público en pie, aplaudiendo con una sonrisa de oreja a oreja durante largos cinco minutos y unas críticas entrañables. Logra algo muy similar a Hoy: El Diario de Adán y Eva, de Mark Twain. La función llena y aligera el corazón, enciende la llama del cariño y da ganas de querer volver pronto al teatro.
- 'Hoy, el Diario de Adán y Eva, de Mark Twain' estuvo en cartel cuatro temporadas y fue vista por casi un millón y medio de personas. Supongo que será difícil plantearse renovar el mismo reto...
- Cinco años en Argentina y cuatro años en Madrid, más de dos mil funciones que convocaron a un millón trescientos mil curiosos. Ya forma parte de ese dos por ciento de las obras de texto en castellano que ha vencido la barrera del millón de espectadores. Gustó mucho, muchísimo, y parece inalcanzable como meta, pero si hay salud no dudo que llegaremos a esas cifras, a esos años en cartel y al gusto de la gente. ¿Por qué no, si está hecha con el mismo coraje, la misma ilusión y por las mismas personas?
- El planteamiento de la obra tiene un gran componente emocional, ¿hace falta más emoción en el teatro actual, llegar al corazón de los espectadores?
- Cada cuál con su librito. Cada cuál sabe qué quiere ofrecer al público. Cada cuál sabe qué aspectos propios y ajenos satisfacer cuando escribe, produce, dirige y actúa. Nosotros seguimos nuestra idea: acercar, comprender, querer mostrar las buenas razones, despertar la memoria de lo otro, de lo que no se habla, de lo que da demasiado pudor. Un teatro para todos, que no excluya, que se pueda comprender y compartir, y que despierte la propia historia. La del sí, que la del no ya tiene demasiadas bocas de expendio...
- Pertenece usted a una extensa saga teatral. ¿Se imagina haciendo otra cosa que no fuera ser actor?
- Mi imaginación de actor me proporciona todo lo que quiero. Puedo ser todo lo que se me encomiende ser, o lo que yo mismo me provea ser. La verdad es que actuar atraviesa todas las imaginaciones, los sueños, las búsquedas, los errores, los hallazgos… Cada vez que me imagino siendo otra cosa, aparece el personaje que tiene algo que ver con esa otra cosa.
- ¿Qué le ha dado más satisfacciones, el teatro, el cine o la televisión?
- Amo el teatro, me apasiona la radio, me gusta la tele y padezco el cine. En todos los medios he aprendido a expresarme y a todos les guardo un respeto y un cariño agudo. Todos me han ayudado a comer, a tener techo, a estudiar, a entender en profundidad a ésta, la más hermosa profesión del mundo.
- Su compañera de reparto, Blanca Oteyza, es también su mujer en la vida real. ¿Cómo se lleva trabajar con la pareja de uno?
- Blanca es la mejor compañera en todas las instancias de mi vida. Me divierto con ella, dentro y fuera del escenario. La amo todo el día y el escenario me permite no interrumpir mi manera de contárselo. Además, escribimos, producimos, actuamos, nos hipotecamos en cada trabajo, corremos todos los riesgos y las aventuras juntos, nos hemos elegido para eso, para animarnos a vivir todo lo vivible juntos, y lo practicamos. Y es todo más fácil en lo difícil.
- ¿Cree que el teatro está soportando bien la crisis? En El Puerto de Santa María los espectáculos suelen colgar el cartel de no hay billetes...
- El teatro es la primera de las artes vivas; parece un mastodonte, algo anacrónico en la era de las teles, los ordenadores, los móviles… Pero el teatro no admite top-manta; al teatro hay que ir a verlo en vivo. Y hallaremos allí seres vivos que conmocionan al ser vivo, que le recuerdan esencias, huellas, metas, que le avivan sentidos, que le inducen a descubrir que la verdad está mucho más cerca de uno que esa resaca de realidad con la que se nos machaca hasta el hartazgo, hasta la desolación. Es lógico que el teatro soporte, siempre ha soportado, el teatro es crisis.
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