De las luces de la Ilustración a sus sombras posmodernas

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El catedrático Manuel Bustos analiza en su último libro las ideas que cambiaron Europa en el siglo XVIII y su repercusión hasta nuestros días

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El catedrático emérito Manuel Bustos, fotografiado junto a la playa de Cádiz.
El catedrático emérito Manuel Bustos, fotografiado junto a la playa de Cádiz. / Miguel Gómez
J. A. L.

Cádiz, 17 de julio 2023 - 07:37

Aunque jubilado como catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz, donde ha ejercido la docencia durante más de cuatro décadas, Manuel Bustos Rodríguez sigue produciendo, sigue plasmando en libros las ideas y las reflexiones que fueron objeto de sus clases y que ahora, cuando ejerce de catedrático emérito de la Universidad CEU-San Pablo, donde además dirige el Instituto de Humanidades, han tomado cuerpo de libro con el titulado ‘De la Ilustración a la época posmoderna: continuidad y ruptura’. Un volumen analítico y crítico que trata de dar respuesta a los inestables interrogantes de nuestra época a partir de aquellas luces que dieron preferencia de paso social a la razón y que alumbran buena parte de Europa desde entonces.

“Este libro -explica el profesor Bustos a este diario- tiene un periodo largo de maduración. He explicado durante bastantes años el siglo XVIII en Europa, y de ahí han surgido una serie de reflexiones, de textos y lecturas que han cuajado en este libro, son ideas vienen de muy atrás, de más de una década de reflexión”.

Tras una exposición de las principales ideas de la Ilustración, de ese movimiento que zamarreó Europa en el siglo XVIII, Manuel Bustos acomete en su texto una crítica de aquel movimiento filosófico y político que permitió el cambio de régimen:

“Efectivamente, hay una parte crítica. El siglo de las luces se ha interpretado como un siglo dorado, de esplendor, de luz, frente a las tinieblas que tradicionalmente habían ensombrecido el panorama europeo. Los ilustrados se consideraron artífices de esa iluminación. Tienen una conciencia muy optimista de su labor. Es una época de optimismo histórico, igual que ahora estamos en una época de pesimismo. No sólo en el terreno filosófico. Por ejemplo, en la pintura cuando se empiezan a iluminar los cuadros, se usan colores mucho más vivos que en el Barroco y la época del tenebrismo. Son como los misioneros de las luces”.

“Si bien esa Ilustración -continúa el profesor- fue capaz de ir horadando el Antiguo Régimen que venía de la Edad Media, también es verdad que va a plantear una serie de problemas por esa ruptura que establece, sobre todo la Ilustración más radical, si podemos usar esta expresión para referirnos a la francesa, básicamente, y también a la inglesa; la del sur de Europa es más benévola. Y esa ruptura provoca una crisis con los años anteriores, van a ir imponiéndose esas ideas como valores casi absolutos de la época contemporánea y van a iluminar las grandes utopías del siglo XIX y principios del XX: desde el marxismo hasta el fascismo, el anarquismo, el liberalismo...”.

Expone en su libro Manuel Bustos que esas mismas ideas entran a su vez “en crisis con lo que llamamos la posmodernidad, que más o menos arranca en torno al movimiento de mayo del 68, que en el fondo no es sino una crítica a las posibilidades de la razón. Es una época nueva en la que nos encontramos ahora. El propio Benedicto XVI insistió mucho en ello, en volver a la razón. Vivimos una época un poco relativista, en la que no confiamos en la verdad como algo absoluto, sino que hay tantas verdades como personas. Es una crisis de la razón”.

Manuel Bustos hace suyo ese llamamiento de la Iglesia, en boca del anterior Papa, a regresar a esa validez de la razón: “En el libro expongo que la Iglesia no supone una ruptura con la razón. Ya en la Edad Media, la escolástica es un intento de explicar la revelación apoyándose en la razón filosófica. No hay una posición irracional porque la razón es un componente sustancial del hombre creado por Dios. Pero esa misma Ilustración da a luz la posmodernidad y entra en crisis, y no se cree tanto en las posibilidades que se atribuían a la razón. Se duda también del progreso, cuando se ha visto el cambio climático, la energía atómica, la continuación de las guerras... Todo esto hace que se hunda un poco esa fe en el progreso, en la razón... En eso consiste la posmodernidad, en una revisión de todo eso. Hay muchos pensadores que piden recuperar la razón, porque sin ella el hombre está perdido”.

Y es que la Ilustración, explica Manuel Bustos, no fue un movimiento que negara la existencia de Dios, aunque sus ideas no coincidieran plenamente con el cristianismo: “El que mata oficialmente a Dios es Nietzsche. El pensamiento clásico de la Ilustración es el deísmo, la creencia en un ser supremo ordenador de todas las cosas, razonable, que se le puede conocer por la propia naturaleza, sin necesidad de una revelación. Simplemente, observando la realidad, la naturaleza, el cosmos. Los ateos son muy pocos en el siglo XVIII, la mayor parte son deístas. Ya en el siglo XIX las utopías son las que piensan construir el paraíso en la tierra sin necesidad de Dios, ya es la negación de Dios en el marxismo, el nazismo o el anarquismo”.

¿Conclusión? En su nuevo libro, Manuel Bustos llama a “recuperar nuestras raíces”, a que la sociedad sea capaz de hacer “un órdago a la mayor” para reconducir un presente que, a juicio del catedrático, no marcha por buen camino: “No podemos seguir en la línea que vamos. Pero esto no es un intento de volver a la Edad Media ni a la Prehistoria, pero sí hay que ir a las raíces del ser humano y en función de un ser humano abierto a la trascendencia, edificar el futuro. Porque por esta vía creo que no vamos a ir bien. No soy mago ni adivino, el historiador llega hasta donde puede llegar, pero sí es verdad que no vamos bien. Lo que hay en nuestras raíces profundas es el humanismo cristiano, el mundo clásico leído a través de la trascendencia. Eso no podemos perderlo de vista. Sin eso, ponemos pequeños parches que no solucionan el problema del ser humano, ni el problema de la mujer ni el de la contaminación, ninguno de los grandes problemas que podríamos abordar”.

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