Un legado más allá del rojo: adiós a Valentino, el último de los grandes referentes de la moda

La alta costura ha despedido a uno de sus absolutos, el diseñador que convirtió a Roma en un punto focal del lujo

El diseñador italiano Valentino Garavani muere a los 93 años

Valentino Garavani, en uno de sus últimos desfiles como director artístico de su firma.
Valentino Garavani, en uno de sus últimos desfiles como director artístico de su firma. / Reuters

Asociar un color con tu nombre debe ser uno de los grandes logros de cualquier vida. Lo consiguió el químico alemán Carl Wilhelm Scheele, relacionado por siempre al verde arsénico (y sus consecuencias). Valentino Garavani enlazó su nombre a un rojo de llama anaranjada que el Pantone clasificó como 3546 C: el rojo Valentino. Tan propio que en cada desfile se aseguraba de incluir un diseño de este color.

Universal gracias a él, el diseñador italiano -fallecido el pasado 19 de enero- fue mucho más que un tono cromático. Con él, desaparece uno de los nombres asociados a la edad de oro de la alta costura, que consiguió hacer de Roma un referente comparable a París en el mundo del lujo: "Su gran aportación -indica Rosa de La Lombana, directora de Compras y profesora del área de Moda en el Creative Campus de la Universidad Europea- fue instaurar una idea de feminidad clásica y muy reconocible que aún hoy define el 'glamour italiano'. El 'rojo Valentino' se convirtió en un código de marca y su sello personal, con un branding muy potente en todo el mundo".

Nacido en Voghera, en la Lombardía italiana, en 1939, su madre lo llamó Valentino en homenaje al actor de cine mudo. De niño aprendió el oficio en el taller familiar y, de hecho, prefería que lo definieran como "sastre" antes que como diseñador.

"En París, trabajó con diseñadores como Guy Laroche, donde se empapó del rigor técnico y la sofisticación de la alta costura francesa, a la vez que adoptó una notable precisión en el patronaje y la elegancia clásica -indica De La Lombana-. Por otro lado, su relación con la jet set y figuras como Jackie Kennedy, Sophia Loren y Julia Roberts aumento su obsesión por el glamour y la sensibilidad estética".

EL ANTES Y DESPUÉS DE JACKIE KENNEDY

El antes y después en su trayectoria lo marcó, de hecho, el vestido de encaje marfil que llevó Jackie Kennedy en su boda con Aristóteles Onassis, en 1968. Un modelo que era, realmente, un traje de cóctel de la colección primavera-verano del diseñador: una ruptura absoluta con el icónico modelo que Ann Lowe había firmado para su enlace con John Kennedy. Jackie Kennedy/Onassis rubricó así el giro que la época vivió hacia novias "modernas", inundando los finales de los sesenta y primera mitad de los setenta con vestidos más livianos, cortos o en colores diferentes al blanco.

"Ese momento -señala Rosa de La Lombana-, catapultó a Valentino de modisto de élite a símbolo global de estatus y protocolo, asociando su nombre a los eventos más importantes. A partir de ahí, Valentino pasó de ser 'una promesa italiana' a convertirse en un referente de la alta costura internacional".

Diseños con el rojo Valentino, en una de las últimas muestras sobre el diseñador en la capital italiana.
Diseños con el rojo Valentino, en una de las últimas muestras sobre el diseñador en la capital italiana. / Efe

Para la especialista, los diseños de Valentino transmiten, sobre todo, "un respeto absoluto por la mujer: vestidos pensados para empoderar sin estridencias, donde el cuerpo se insinúa más que se exhibe. Hablan de permanencia más que de tendencia, de una elegancia que busca sobrevivir a la temporada del momento".

VESTIDOS COLUMNA: SOBRE SEGURO EN LA ALFOMBRA ROJA

"Más allá del rojo -continúa- destacan sus blancos gráficos de la 'White Collection' donde el uso del logo y de las iniciales bordadas anticipó una lectura moderna del monograma en el lujo. Sus vestidos columna, con espaldas trabajadas y volúmenes controlados, se convirtieron en uniforme de alfombra roja para actrices y primeras damas durante décadas. También dejó huella en el vestuario escénico, desde el cine hasta el ballet, demostrando que su alta costura era compatible con la narrativa y el movimiento en el escenario. Sus capas y el animal print refinado también fueron parte sus propuestas más aplaudidas".

Hoy día, su heredero más directo -indica De La Lombana- es Pierpaolo Piccioli, el que fuera director creativo de la firma hasta hace un par de años, sobre todo, "en cuanto a romanticismo moderno y artesanía extrema: el tiempo que trabajó en la maison supo nutrirse del archivo de Valentino desde una sensibilidad contemporánea, manteniendo la emoción, la costura y la idea de mujer protagonista. Otros buenos herederos podrían ser María Grazia Chiuri y Zuhair Murad".

Diseño para el vestido de novia de Athina Onassis.
Diseño para el vestido de novia de Athina Onassis. / Efe

El legado de Valentino se sostiene hoy en una maison corporativa, "con Mayhoola y Kering como accionistas, pero sustentada en los códigos inconfundibles: elegancia atemporal, sofisticación y ese arte de vestir a las mujeres que definió su visión -asegura-. Tras su retiro en 2008, permaneció como referencia moral y estética, manteniendo una presencia respetuosa que permitió a sus sucesores trabajar con libertad y continuidad. El gran desafío actual es que la firma siga evolucionando sin diluir ese ADN emocional que la conecta de forma directa y profunda con su fundador" . 

Aunque llevaba casi dos décadas sin ser la dirección artística de la marca, "como creador -prosigue Rosa de La Lombana- pensaba que la moda debía seguir apostando por hacer las cosas bien y con belleza, sin tantos cambios de director creativo ni discursos de marketing, y poniendo la prenda en el centro. Veía con frustración cómo el lujo de antes estaba siendo reemplazado por un sistema rápido y obsesionado con llamar la atención en redes".

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