Carlos Zanón nunca se extravía
Negro sobre negro
El autor barcelonés acaba de publicar ‘Objetos perdidos’, donde vuelve a exhibir esa prosa sin concesiones que lo convierte en uno de los grandes
Carlos Zanón se mueve por los bajos fondos de Barcelona con la sofisticación de un tiburón en un manglar. No vamos a descubrir ahora que estamos ante una de las voces imprescindibles del género negro, un autor de culto que tiene a sus espaldas obras imprescindibles. Zanón es tan fiable como un martillo pilón, nunca falla. Quizá por ello esperamos con entusiasmo y expectación cada nuevo libro. Tras Love song, una bellísima historia de reencuentros y nostalgia, ahora vuelve a recorrer su ciudad en Objetos perdidos (Salamandra) para regalarnos una galería de perdedores tan triunfal que dan ganas de elevar los puños al cielo. No es sólo la manera en que Zanón escribe, esa prosa tan personal y concreta que alza la novela detectivesca a las alturas, es el control del ritmo, los protagonistas...
Objetos perdidos se mueve entre el noir contemporáneo y la introspección existencial, donde Barcelona deja de ser una postal para convertirse en un laberinto de soledad, precariedad y marginalidad.
La historia sigue a Álex Gual, un abogado sin rumbo que vive en un hotel de nombre Excalibur y que tiene el extraño talento de encontrar personas mientras se pierde a sí mismo. Entre los restos de una relación fallida con la pintora Lola K. y la inesperada atracción hacia Inés, camarera del oscuro local desde donde gobierna su reino Señor Paco, Álex transita un paisaje urbano donde las conexiones humanas son frágiles y la identidad se disuelve.
El eje narrativo se sostiene en torno a la muerte de un jugador de rugby australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, que desencadenan una oleada de interés mediático y arrastran a Álex a una red de engaños, venta de pruebas y negocios turbios dirigidos por el inquietante Señor Paco. Zanón aprovecha este hilo argumental para explorar temas como la soledad en tiempos hiperconectados, la fragilidad de las relaciones personales y la precariedad laboral y afectiva.
La prosa de Zanón es directa, sin concesiones: cruda, precisa y profundamente compasiva con los personajes que se sienten perdidos en un mundo que no los reconoce ni acepta. La ciudad —con sus sombras y vértices ignorados— actúa casi como un personaje más, un reflejo de las contradicciones y la melancolía que habitan a quienes intentan sobrevivir en ella.
Más que una novela negra clásica, Objetos perdidos es un retrato sociológico y emocional que trasciende el género: un fresco urbano de personajes marcados por sus decisiones, sus pérdidas y una tenue esperanza de redención en medio de la deriva cotidiana.
En definitiva, se trata de una obra que invita a leer la ciudad —y a nosotros mismos— como objetos potencialmente extraviados en la memoria colectiva, obligándonos a confrontar nuestra propia vulnerabilidad en una era de conexiones superficiales.
La novedad: ‘La escritora’, James Patterson y J.D. Barker se unen en un gran ‘thriller’
Cuando dos superventas, como James Patterson y J.D. Barker, se unen para escribir a cuatro manos sólo pueden ocurrir cosas buenas. El resultado de esta colaboración es una novela negra adictiva que lleva por título La escritora y que ha editado en nuestro país la Serie Negra de RBA.
La trama arranca cuando el detective Declan Shaw, de la policía de Nueva York, recibe una llamada pidiéndole que vaya con urgencia al emblemático edificio Beresford en Central Park. Allí, en uno de los apartamentos, Shaw encuentra a una mujer esperándolo. Está cubierta de sangre, y en el suelo de la lujosa sala de estar yace sin vida el cuerpo de un hombre. En las estanterías se pueden ver una gran cantidad de libros de la exitosa escritora Denise Morrow, especialista en crímenes. “¿Es usted?”, le pregunta Shaw a la mujer. “¿Es usted la escritora?”. Solo una persona sabe qué es lo que realmente ha ocurrido, y todos se preguntan si ella es una víctima o una asesina. Tremendo.
La película: ‘El crack’, Garci y uno de los pilares del cine negro español
La recomendación de esta semana en nuestra filmoteca del crimen es El crack. En esta cinta José Luis Garci construyó uno de los pilares del cine negro español contemporáneo. Alfredo Landa —en uno de los papeles más sólidos de su carrera— da vida a Germán Areta, detective privado lacónico y obstinado que investiga la desaparición de una joven en un Madrid sombrío y desencantado, todavía sacudido por las contradicciones de la Transición.
La película bebe sin complejos de Chandler y Hammett, pero traslada el imaginario del noir clásico a un paisaje urbano reconocible, entre oficinas polvorientas, bares nocturnos y secretos incómodos. Con diálogos afilados, ritmo pausado y una melancolía constante, El crack es un retrato del desencanto moral de una época y un homenaje elegante al detective solitario que aún cree, pese a todo, en un código propio.
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