Rafael Marín | Escritor "Traicionarte a ti mismo es el primer paso en falso moral"

  • El autor publica 'Memento Mori', segunda entrega de un thriller sobrenatural en el que ejemplifica distintas caras en la lucha del Bien contra el Mal 

El escritor Rafael Marín, durante la entrevista. El escritor Rafael Marín, durante la entrevista.

El escritor Rafael Marín, durante la entrevista. / Joaquín Hernández Kiki

Rafael Marín se mete en la historia de un trío de “arcángeles”que lucha contra el Maligno (que es, ya sabemos, multitudes) desde el interior mismo del Vaticano. Una historia que abarca tanto la época contemporánea como gran parte del siglo XX, y que el autor ha organizado en dos entregas: Ora Pro Nobis y la –ahora publicada– Memento Mori, ambas editadas por Apache. Una incursión en el thriller sobrenatural que se desarrolla bajo la cuestión de qué es el Mal: “Traicionarte a ti mismo –contesta el escritor–. Traicionar aquello en lo que crees y lo que quieres y que, encima, no te importe. Ese es el primer paso. Para muchos, sería lo que se llama perder la vía moral. Pero vaya, como se suele decir, el Mal tiene muchas aristas:ese Mal todopoderoso y metafísico se gasta en el el mal cotidiano, inmediato”.

El que se presenta entre los integrantes de Ora Pro Nobis –los protagonistas de las novelas, tres mercenarios de alta escala del Vaticano– es un mal, también, ortodoxo, y se combate con la ortodoxia cristiana:“Para entrar dentro de un convencionalismo literario, no es en sí en defensa de la religión católica, sino que me valgo de ella, de sus parámetros y símbolos, para hacer una historia –explica Marín–. Muchas cosas que parecen artificiales o de broma, interpretadas en sentido exacto, aquí aparecen en serio. Y luego, el Mal absoluto, que decíamos, se ejemplifica en los males de la sociedad: el lado oscuro de la televisión, de los medios, del porno... Muchos de los ‘agentes del mal’ que aparecen por aquí, por decir, no son más que unos pobres diablos, y dan ternura en ciertos momentos. La máxima clásica de repudia el pecado, compadece al pecador”. Y los hay que, por supuesto, no despiertan tanta fascinación. En el ovillo de tres tramas y siete voces distintas que se entretejen en Memento Mori, una de ellas nos lleva al escenario del ascenso del fascismo italiano en los años 20 y 30, periodo que también aparecía en Ora Pro Nobis.

Marín también presenta una mafia propia de la ciudad romana, al estilo de la calabresa o la siciliana:La Luperca, así adscrita bajo la protección de la loba capitolina; una red y un icono que encajan de lleno en la esencia y simbología del fascismo. “A efectos culturales, siempre he estado más inclinado hacia la cultura anglosajona y sentía que tenía ciertas carencias al respecto hacia Francia e Italia –comenta Rafael Marín–. Estudiar lo que son, lo que conllevan, Roma y París es fascinante. Como dije en la anterior entrega, el fascismo tiene mucho de vampírico, y esas criaturas de las sombras similares a los vampiros siguen apareciendo aquí. Los monstruos literales pueden camuflarse en una sociedad aparentemente sana y sus preocupaciones, colándose por los resquicios que le dejan, porque la democracia puede tener sombras, y va creando el caos. El fascismo es un cáncer que se extiende y no admite razones, por eso casa tan bien con la sinrazón: con los horrores metafísicos.Esas criaturas de la noche, cada vez más abundantes, muestran también cómo, al mismo tiempo, la sociedad que las rodea se va degradando”.

“Existe la tentación de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor: quizá porque pensaban por ti pero, sobre todo, porque quizá tú pensabas por los otros –continúa Marín–. No son los capitanes: son los sargentos los que dan miedo, y las luchas intestinas entre unos y otros”.

Memento Mori tiene unos secundarios que les roban plano a los protagonistas. Uno de ellos es la mirada de esta parte de la historia, el cura Don Gentile: personaje que se inspira en la figura del Don Bosco salesiano. Y otro es Quentin Quill: el “agente” del Club Pendragon capaz de mutar en hombre, en mujer, en la Marlene Dietrich perfecta. Tan inasible que no tiene identidad, y ni siquiera podemos dar por seguro que no sea un fantasma. O pura recreación de una anciana que sólo es capaz de recordar su pasado entre nubes de humo: “Ella, Morgan Lawrence, es totalmente Hellen Mirren. Sí que me gustaría volver a contar historias sobre el ClubPendragón, quizá con una réplica femenina que sería el Club Morgana”.

Memento Mori es, dice, su autor, una “historia de brújula, no de mapa: hay cosas que parece que no se explican pero que, si miras con atención, terminan explicándose”. La figura de la Sibila, por ejemplo. O guiños al universo del propio autor, como su don Juan o el personaje del Juglar.

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