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"Restaurar una obra antigua es más llevadero que trabajar una reciente"

Elisa Soberli abre las puertas de Artelisa, donde el arte recupera su antiguo esplendor

Elisa Soberli trabaja en su taller de la calle Feduchy.
Virginia León Cádiz

18 de noviembre 2013 - 05:00

Descubrir el taller de restauración de Elisa Soberli es como abrir el viejo cofre de los tesoros. Algunos de gran valor en el mercado, "según se mire", pero todos auténticas joyas para sus dueños, aquéllos que confían la reparación del preciado cuadro de la abuela o el viejo espejo del salón a Artelisa.

Nada más poner un pie en este estudio situado en la calle Feduchy, una gran Inmaculada firmada por José María Romero López y fechada en 1800 da la bienvenida al cliente. Es una de las decenas de piezas que cuelgan de las paredes o salpican la añeja estancia con olor a barniz que regenta la restauradora italiana afincada en Cádiz. Procedente de una ciudad cercana a Venecia, de espíritu abierto y alegre, muy afín al carácter gaditano, Soberli desgrana con frescura no tanto las técnicas con que devuelve el esplendor a cada pieza, sino con las que pule la fidelidad de una clientela que mima con precios muy asequibles, asesoramiento y trabajos de calidad. "Hay trabajos que no merecen la pena, por los que cobro un precio casi simbólico, pero que te llevan a proyectos de restauración mayor, y a otras personas y clientes, porque esto funciona también por el boca a boca", afirma Elisa, que estudió en Roma Restauración de Obras de Arte y que un buen día vino a Cádiz a pasar unas vacaciones, para quedarse. Aquí se ha casado y ha tenido a su pequeña, y aquí montó su pequeño negocio, al principio en la calle Santa Inés, un estudio muy pequeño sin escaparate, que posteriormente trasladó al actual, donde las puertas de su taller "siempre están abiertas. Funciona mejor porque no da corte entrar". Porque siempre pasa alguien que repara en el escaparate y entra para preguntar. "Tengo una Virgen a la que se la caído una mano y también la corona. ¿La puede arreglar?", cuestionaba precisamente una clienta que entraba por primera vez en Artelisa. "Tráigala, seguro tiene arreglo, pero tengo que verla", contesta. "Ya de paso me la pinta", aunque Elisa le explica que será mejor limpiar la figura y "en todo caso le ponemos una mano de barniz".

Porque es mucha la imaginería que entra en su negocio, "sobre todo del niño Jesús", aunque también cuadros y otras piezas singulares. Parte del material lo adquiere ella misma en talleres, anticuarios o incluso en mercadillos, porque "a veces encuentras objetos de gran valor", comenta.

Tiene en su estudio algún baúl, butaca, macetones, columnas e incluso una estufa de gasoil antigua. Asimismo, recientemente compraron una talla del 1600 del Taller de Mora, en Sevilla y un cobre de esta misma fecha, que ya tiene algún que otro enamorado.

Sus restauraciones pueden veres en Facebook, uno de sus escaparates, aparte de participar en eventos como los que se organizan en la Casa Aramburu, donde "no vendo, pero difundo lo que hago".

Dice que "restaurar obras antiguas es más llevadero", "porque las recientes -de 60 u 80 años- ya no están realizadas de forma artesanal, es todo sintético, todo cuesta más". Un trabajo que a veces coordina con otra serie de artesanos como joyeros, carpinteros... "para ofrecer al cliente un servicio integral, asesorarles", informa Elisa Soberli, quien tiene muy claro la importancia de "ayudar al cliente".

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