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Apenas un mes más tarde del hundimiento del Titanic se estrenó 'Save from the Titanic', a la que siguieron otras versiones como la exisota cinta de Cameron, que vuelve en 3D

22 de abril 2012 - 05:00

Aún no se había secado la tinta de los periódicos que vocearon la tragedia del Titanic cuando ya llegaron los primeros filmes sobre ella. En mayo de 1912, es decir, solo un mes después del hundimiento, se estrenaba el primero, Saved from the Titanic. Además de ser el más tempranero, es el más morboso, pues lo protagonizaba Dorothy Gibson, una popular actriz de seriales de la época que era una de las supervivientes del naufragio. Fue un film cruel, pues Miss Gibson, una de las primeras en subir a los botes aquella aciaga noche, lo pasó muy mal recreando tan pronto su drama. De hecho, la publicidad del film, hoy perdido, aseguraba que la actriz llevaba el mismo traje que vestía cuando fue rescatada. Tal vez por ello dejó el cine poco después. Otro detalle de mal gusto es que fue rodado en el Olympic, buque gemelo del Titanic, lo que demostró un gran grado de insensibilidad por parte de la naviera White Star, propietaria de ambas naves.

Tampoco dejó de tener su morbo el segundo, estrenado el mismo 1912, ya que era alemán, In Nacht un Eis. En los cáusticos artículos que Joseph Conrad dedicó a la tragedia, donde no dejaba títere con cabeza, hacía una críptica alusión a que los alemanes, en plena carrera naval con los británicos -faltaban dos años para la Primera Guerra Mundial-, habían disfrutado mucho del fracaso de sus rivales. Este film, que se creía perdido hasta su recuperación en 1998, parece hacer sangre del tema. Es sintomático que los británicos, los más afectados por el drama, esperasen hasta 1929 para hacer su primer film sobre el desastre, que marcó una tendencia narrativa: la de introducir personajes ficticios que ventilan sus problemas en el naufragio, convirtiendo a los verdaderos protagonistas en secundarios de su propia tragedia. Lo curioso es que el barco protagonista y el film acabaron llamándose Atlantic, porque la White Star, a la que diecisiete años después aún escocía el tema, hizo sus presiones. Algo absurdo, pues cualquiera que viese el film sabía de qué hablaba.

La versión del Titanic más bizarra la hicieron los alemanes en plena Segunda Guerra Mundial. Obviamente, era un film propagandístico para burlarse de la incompetencia naval británica. El film contaba como el pobre capitán Smith era sobornado por el malvado presidente de la White Star, Ismay, para poner el buque a toda máquina en un mar lleno de hielo. Menos mal que el primer oficial era un alemán (sic) que hacía gala de su genética aria para llevar algo de cordura en el naufragio. Este Titanic fue un film malhadado. Su director, Herbert Selpin, fue detenido en pleno rodaje por comentarios derrotistas y poco después apareció muerto en su celda. Lo terminó Werner Klinger, pero cuando estuvo listo ya había ocurrido otro naufragio, el de Stalingrado, y Goebbels decidió no estrenarlo, no fuera que el buen pueblo alemán hiciese comparaciones poco pertinentes entre el Titanic y la situación militar. Sin embargo, fue estrenado en 1950 y el film británico La última noche del Titanic reutilizó parte de su metraje.

Otra de las rarezas de los filmes sobre este drama es que Hollywood no lo afrontó hasta 1953, a pesar de lo goloso del tema. Ese año se estrenó un film dirigido por Jean Negulesco, en el que Bárbara Stanwyck huía en el Titanic con sus hijos de un marido que aparecía a última hora en el barco. Sin embargo, en 1958 llegó la versión canónica en cine del naufragio, la citada La última noche del Titanic. Se basaba en el trabajo de Walter Lord, que investigó y entrevistó a los supervivientes para hacer un libro reportaje que sigue siendo el más interesante de los escritos sobre el tema. La película, británica, se centraba por una vez en los hechos dejándose de personajes inventados y reconstruye el naufragio con realismo, a pesar de su escaso presupuesto. A la ya citada utilización de metraje del film nazi se une que los presuntos planos de la botadura del Titanic son en realidad de la del Queen Mary, en 1936. Aún así, película y libro sellaron en la mente colectiva muchas leyendas que perduran todavía. El mejor homenaje se lo hizo James Cameron, que se inspiró en muchas secuencias para su propia versión.

En 1980 llegó la curiosa Rescaten el Titanic, basado en el best seller de Clive Cussler, en el que había que sacar al mítico barco del fondo del mar para conseguir un extraño mineral que llevaba a bordo. Es simpática porque se apuntaba a la teoría de que el buque se hallaba más o menos intacto en su tumba acuática, ilusiones que algunos mantenían hasta que cinco años después de este film la expedición Ballard localizó los restos y se vio su grado de deterioro. Con toda esta información, más todo lo anterior, incluido la asesoría de un octogenario Walter Lord, James Cameron realizó su versión de 1997 que acaba de volver a los cines en 3D. Su contundencia y su éxito hacen pensar que va a pasar mucho tiempo antes de que algún cineasta se atreva con el naufragio. La mejor muestra de su impacto global es que en la película de Zhang Yimou El camino a casa aparece en una remota aldea china un cartel del film. Y una curiosidad para terminar: cuando en 1939 David O. Selznick convenció a Alfred Hitchcock para trasladarse a Hollywood, lo hizo con un proyecto sobre el hundimiento del Titanic. Los elevados costes dieron cerrojazo al tema. Lástima que nos quedáramos sin saber como el mago del suspense hubiese afrontado el más célebre naufragio de la historia marítima.

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