Concierto en el Café Teatro Pay Pay Mayte Martín, íntima y exquisita

  • Noche mágica en el café teatro Pay Pay donde la cantaora catalana ofrece un generoso y caro recital que se repetirá hoy jueves

Mayte Martín, durante su actuación en la noche del miércoles en el Pay Pay.

Mayte Martín, durante su actuación en la noche del miércoles en el Pay Pay. / Fito Carreto.

Hay personas y hay lugares destinados a encontrarse. Mayte Martín se cruzó con el café teatro Pay Pay hace cuatro años, y saltaron chispas. La vida o el universo o, lo más probable, la voluntad, han querido que cantaora y café teatro volvieran a mirarse de frente en una noche, la primera de dos, mágica donde la intimidad que ofrece el establecimiento de la calle Silencio hizo brillar, aun más si cabe, la exquisita voz de la catalana.

A media luz, enfundada en su clásico traje de chaqueta negro (qué calor Mayte de mi alma) y escoltada a la guitarra con un, igualmente, enlutado Alejandro Hurtado, la artista hizo su entrada la noche del miércoles en el escenario del Pay Pay rompiendo la quietud del local, abarrotado, que la recibió con un caluroso aplauso. Sólo sería el primero de una cita cuajada de oles, ovaciones y batir de palmas que se extendieron casi por un minuto en la despedida final.

Y no fue para menos ya que Martín estuvo generosa en un caro recital donde transitó por un voluptuoso número de estilos que fueron de la granaína a los tientos-tangos, de la milonga a la soleá, de la seguiriya a la propina por alegrías. ¿Sigo? Hay más. Bulerías, colombianas, peteneras, fandangos... Hasta obsequió al público con el estreno de una guajira que es caramelo. Y todo a media luz, como dice el tango, en lo oscuro, en la distancia de la confidencia, del secreto, del "pa nosotros"

Un ambiente, al fin y al cabo, que invitaba a la cercanía, incluso a propiciar las cositas de ange. Mayte Martín, larga, experimentada, lo caló y supo crear la temperatura perfecta entre un recital serio y una actitud relajada. "Qué calor, mañana me vengo con el vestido de tirantes... Y Alejandro, también", bromeó la intérprete que en un momento de las casi dos horas de recital pidió un vaso de whisky rompiendo la inercia del agua de cerca de "16 o 17 años", los que la artista llevaba sin beber alcohol en la escena. "Pero esta noche lo merece". 

Y brindó Mayte Martín. Por Paco (Medina) y Rocío (Oneto), una pareja que acaba de contraer matrimonio, y por la pronta mejoría de Mariló Maye (alma mater del Pay Pay junto a Paloma García) y por todos los asistentes que desde los albores del encuentro con la cantaora se dejaron abrazar y envolver por la autenticidad y categoría de una de las mejores voces femeninas del jondo contemporáneo.

Lo demostró desde los primeros compases de la granaína, la media granaína de Chacón (Rosa, si no te cogí) que interpretó en una delicada tesitura en la que juega con los versos, no retorciéndolos en el quejío, no, acariciándolos, moldeándolos como el artesano como el barro. 

Martín abre la boca, cierra los ojos, se toca el vientre, el pecho, saca a pasear una mano... Todo sin aspavientos, sin bravuconadas, con elegancia, y lo difícil parece fácil. Ya sea homenajear a Chacón o "a la diosa Pastora" por fandangos. Ya sea fecundar la petenera flamenca con el son de Petén (México) o dar vida al Romance de Juan Osuna que popularizara Caracol para encarar una ración de tangos, previamente tentados, caminando por diversos estilos din despeinarse (los tangos canasteros de Lole y Manuel; Al gurugu de la Niña de los Peines...)

"El respeto por los maestros", dice. "Tú sí que eres una maestra", le dicen. Y, mientras, avanzaba la noche como avanza la vida: con momentos de emoción, con momentos de risa y sin darnos cuenta.

Hurtado, a la sonanta, evoluciona desde la discreción al centro del foco. Poco a poco, sus falsetas se hacen más sofisticadas, más profundas, más enraizadas, sin perder, ni por un momento, su lugar de acompañante, haciendo brillar a su compañera que confesó algo que "creía que nunca iba a decir: estoy enamorada de Alejandro", reía Mayte dándole su lugar (totalmente merecido) al joven guitarrista que lució, especialmente, en la seguiriya.

Vaya pareja ganadora... Si Hurtado volvía a reivindicarse en los cantes (toques) de ida y vuelta, Martín soltaba amarras, se relajaba, y se gustaba en cada requiebro y virguería, buscando, y encontrando, el pellizco al tiempo y al contratiempo. Por explicarme mejor, hizo quejíos como zapateados de un buen bailaor en una losa. 

Soleares de Joaquín el de la Paula (si yo pudiera ir tirando las penitas mías al arroyelo), milonga de Marchena (cambiaste el sol por la luna) los deliciosos cuplés por bulerías en el turno de la fiesta (El compromiso, María de las Mercedes...) "No te vayas, Mayte". Pero se fue, tras la larga ovación, y volvió, tras la llamada con palmas al compás. Y les regaló el cante por Cádiz. Y no sabemos que pasará esta noche de jueves, la segunda y última de sus citas con el Pay Pay, pero la del miércoles fue de fuegos artificiales.

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