Arte
El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
Aunque reconoce ser, ante todo, pragmático -sólo dio el salto al cómic cuando vio con claridad que podía vivir de ello-, Salvador Larroca (Valencia, 1964) confiesa que su madre aún considera un poco extraño todo esto. Todo esto es que se dedique a ser parte de algunas de las sagas más potentes de la Marvel -X-Men, Iron Man, Spiderman, Daredevil- y le paguen por ello. "Lo mismo les dice a sus amigas que está convencida de que trapicheas con droga o algo", le sugiero. "Si no lo piensa, es porque debe comprender que es muy difícil dedicarse al narcotráfico encerrado todo el día en un cuartito", sonríe Larroca.
El dibujante valenciano acudió ayer al encuentro Tardes de Cómic organizado por el Área de Familia del Ayuntamiento gaditano. Una cita en la que el creador dibujó para el público -un esbozo de Tormenta-, habló sobre su trayectoria y dedicó espacio también para su pasión oculta: las maquetas.
Sus primeros cómics -recuerda- fueron las entregas desordenadas que publicaba Vértice. El primero fue, casualmente, un tebeo de Iron Man. Y después, uno de Spiderman. Y después, los X-Men. Muy pronto, en el año 92, Larroca dejaría su trabajo como topógrafo digital y comenzaría a colaborar con Marvel UK, la filial inglesa del sello norteamericano.
"Era un sinsentido de editorial -rememora Larroca-. Se negociaba todo en el pub, los únicos ejemplares que vendían eran los que tenían a Lobezno o Spiderman como invitados. Cuando yo les hacía alguna visita, el dinero que daba la empresa para mi estancia en el hotel se lo quedaba el tipo que me recogía, que me metía en su casa".
"Pero, por primera vez -continúa-, me sentí profesional sin ser profesional. Ves las hojas de Marvel, con el sello y las esquinas azules de la trama y piensas, '¿A que la cago?'. Y te ilusionas y tal, hasta que el sello, por supuesto, quiebra. Cuando, previsiblemente, esto sucedió, la casa madre decidió aprovechar a algunos de los creadores que había ido seleccionado en su primera tanda europea, una tanda que incluía también a nombres como Carlos Pacheco o Pasqual Perry".
El salto a la matriz fue peculiar. Larroca se encontraba realizando una serie de seis números de Flash para DC cuando, de repente, le llega el rumor de que en Marvel piensan llamarlo para encargarle algún Spiderman. Sudor, Palpitación. Estupor y temblores. "Al final, desesperado porque no me llamaban nunca, terminé llamándoles yo y les dije: ¿Cuándo vais a mandarme las páginas?", cuenta el dibujante.
"Nunca pensé que pudiera hacer Spiderman o los X-Men -prosigue-. En este tipo de casos, siempre te planteas si quieres ser cabeza de ratón o cola de león. Y bueno, yo comencé haciendo Dark Angel, pero después ya llegó enseguida El Motorista Fantasma, que era un personaje que ya conocía, y de ahí ya vas pasando a series de primera línea".
"Muchos de los superhéroes de cómic funcionan como estereotipos -explica Larroca-, pero con el paso del tiempo han de ir limando algunos rasgos porque, si no, chirrían.... Por ejemplo, nosotros no podíamos pretender plasmar tal cual el Tony Stark de la época porque resultaría un seductor casposo, artificial, como ahora puede resultarnos cierto James Bond. Había que hacer al personaje más salvaje".
Para Larroca, el Tony Stark de la saga de Iron Man en el cine "se parece bastante a lo que nosotros dibujamos - indica-. Siempre hay unas referencias visuales que te ayudan a a imaginar al personaje y toda la Marvel ofrece tipos carismáticos. Pero la realización de una serie supone tener a un equipo entero trabajando, así que tampoco te tienes que matar tratando de inventar la pólvora respecto a cómo vas a hacer qué porque tú eres el último: detrás de ti, hay todo un equipo pensando".
Salvador Larroca ha tenido la oportunidad, además, de transformar en carne de tinta a uno de sus héroes infantiles de carne y hueso: el mítico Stan Lee. "Stan Lee es otro personaje más, lo más parecido que existe en Estados Unidos al difunto padre de Julio Iglesias -cuenta-. Y el proyecto de Stan Lee meets Dr. Doom me lo plantearon como una oportunidad que tal vez no volvería a repetirse porque, en fin, Stan Lee tiene 85 años. Hasta entonces, yo no había tocado el Photoshop, y le pedí a Paco Roca (Arrugas) que me ayudara, y quedó algo extraño para el gusto de la gente, muy europeo".
Para el dibujante, que ha formado un fructífero tándem junto a Matt Franction -guionista con el que elabora las entregas de la serie Invincible Iron-Man-, lo fundamental para hacer una buena historia es que exista un buen equipo creativo, pero "es difícil -apunta- encontrar a dos personas que estén complementadas".
"Conforme vas evolucionando -afirma- te das cuenta de que lo importante es la manera de contar la historia, e intentas combinar esto con una fuerte presencia gráfica. En el proceso, vas añadiendo todo lo que ves y lees, todo lo que te gusta o que te ha podido inspirar. Ya se sabe que todo está inventado y que raramente inventamos nada: siempre hay inspiración, consciente o no, en algo anterior, o combinan y mezclan distintos elementos".
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