RODAJE 'THE RHYTHM SECTION'

Guerra y paz en la plaza de la Catedral

  • La jornada transcurrió rodando escenas de acción en las que intervino Blake Lively desde el autobús marsellés aparcado en el Campo del Sur, y de manifestantes contra el terrorismo

Un nuevo escenario entra en la acción de la película The Rhythm Section. La plaza de la Catedral, tan bella, grande y diáfana, se convirtió durante todo el día del jueves en el punto neurálgico del rodaje de la cinta que tiene tomado y revolucionado parte del centro gaditano, en esta ocasión, con escenas de guerra y paz. Guerra, violencia, estallidos y gente corriendo calle abajo desde la línea 31 del autobús marsellés que desde bien temprano aparecía aparcado arriba de la calle Arquitecto Acero -cogiendo la curva que viene desde el Campo del Sur-. Y la paz que reivindicaba el grupo de manifestantes que durante horas grabaron desde todas las hechuras, planos y contraplanos posibles su alegato contra el terrorismo.

Éstas son las dos acciones que ocuparon prácticamente toda la jornada -la cuarta ya- de este jueves, en la que nuevamente pudimos ver desde una azotea cercana a la inaccesible Blake Lively, tanto calentando para la escena de acción que le tocaba protagonizar dentro del autobús, como conversando con la directora de la cinta Reed Morano, que muy sigilosa y discreta daba indicaciones.

A las ocho de la mañana arrancó la larga jornada cinematográfica, con la Catedral como punto de encuentro del equipo y los extras. Manifestantes, viandantes y policías franceses que llamaban poderosamente la atención a los cientos de curiosos que oteaban desde la valla habilitada para impedir el paso. "Pues la policía parece de verdad, ¿eh?. Da el pego", decía una señora. "¡Están cuadrados!" espetaba su amiga, entre risas. Una valla que dio para muchos espectadores y comentarios, en la que se apoyaron turistas nacionales ("¿A Cádiz vienen a rodar muchas películas, no?"); extranjeros y gaditanos que comentaban, por ejemplo, la dureza de grabar una secuencia. "Hay que ver lo que se tarda en grabar una escena ¿eh?, y luego cómo la montan... para que salga dos segundos", decía un señor. Su amiga le recordó que nada que ver con la de los toros por la calle Ancha, "¡la que se lió cuando se escaparon!". Tampoco perdían detalle los estudiantes de la residencia universitaria, que desempeñaba el mismo papel pero con el rótulo y una buena bandera francesa ondeando, colores que también cubrían el toldo de la tienda de souvenirs de Arquitecto Acero. "¡Chicos se os ve en plano!", exclamaban desde la producción a los estudiantes, que pronto se metieron para el interior.

Porque las indicaciones se sucedieron incansablemente. ¡Acción!; ¡Corten!, ¡Volvemos a primera! ¡Más pegados! ¡Menos!... Así una y otra vez, durante horas, entrando y saliendo del autobús, corriendo; con explosión y sin ella; con pancartas calle arriba y calle abajo, gritando Nous voulons la paix (queremos paz) hasta ¡Queremos comer!, en busca del bocata del descanso. Porque entre la guerra y la paz, tiene cabida el sentido del humor. ¡Corten!

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