Ana Isabel Espinosa obtiene el Unicaja de Artículos Periodísticos por un texto sobre la violencia machista

'La forja de un machista' incide, con una prosa "sencilla y directa", en el "valor de la educación en el ámbito más cercano"

El CUC acogió también la entrega del galardón del a edición de 2015 a Cristóbal González por 'Tres gin tonics con Wendy'

Cristóbal González Montilla recibe el galardón que le acredita como ganador de la XXXII edición. /Lourdes de Vicente
Cristóbal González Montilla recibe el galardón que le acredita como ganador de la XXXII edición. /Lourdes de Vicente
Pilar Vera

Cádiz, 09 de noviembre 2016 - 17:08

“Educar es el catecismo de la civilización y nunca podremos serlo si dejamos a nuestras mujeres desangrarse en cuartos de baño, machacadas a golpes. Pero tampoco si pequeños cafres no son amonestados, reprendidos y encauzados convenientemente”. Ese es el extracto que el periodista Antonio Yélamo destacó ayer del artículo La forja de un machista, el texto que se hizo con el XXXII Premio Unicaja de Artículos Periodísticos. La autora gaditana Ana Isabel Espinosa firma una pieza en la que incide “sobre el valor de la educación en el ámbito más cercano -destacaron desde la Fundación Unicaja-, con una prosa sencilla, directa, en la que describe el fenómeno de una manera muy claro. El maltrato, nos recuerda, siempre empieza por el desprecio y el consentimiento de la educación permisiva, y por eso es necesaria una labor de concienciación que implique a toda la sociedad”.

Ana Isabel Espinosa se hizo con un galardón que premia a artículos publicados en castellano en periódicos y revistas de ámbito provincial, regional o nacional, y que está dotado con 3000 euros. La sede del Centro Unicaja de Cultura en Cádiz acogió la entrega de la anterior edición al periodista malagueño Cristóbal González Montilla, al que se reconocía en Tres gin tonics con Wendy su homenaje a la desaparecida Ana María Matute: “Vivir es bonito, ¿verdad?”, le decía la escritora en lo que el periodista definía como su “merienda blanca con Wendy”.

“La alegría no es sólo por recibir un premio de prestigio -explicaba estaba mañana- sino por el recuerdo del que fue un momento especial, y del periodo tan intenso en el que llegó”. Cristóbal González recordó a Antonio Herrera, un amigo que murió en enero, y el ERE “salvaje” que El Mundo aplicó a sus redacciones de Andalucía, en cuya delegación de Málaga él trabajaba. “Pero como en la vida algunas veces no pasan cosas y otras pasan todas de golpe”, en abril, González sacó su primer libro y en septiembre se estrenó como padre: “He encontrado que he tenido la suerte de toparme con el trabajo de mi vida, padre de la pequeña Olivia. El contento es tal que cualquier día vuelvo a sentir que el periodismo es el oficio más bonito del mundo”, continuó.

Un oficio que permite vivir experiencias como la recreó a la muerte de la autora de Olvidado Rey Gudú, en un artículo que escribió al ánimo “de un primer gintonic mañanero de mi extensa trayectoria de bebedor de Larios”.

“Yo siempre he querido ser una Wendy, un personaje de Peter Pan”, le reconocía la escritora, animándole a pedirse un gintonic para así ella “poder dar sorbitos”: “Hay que ser rebelde siempre, hasta para negarse a hacer lo que te manda el médico”, le apuntaba la Matute.

“Lo que sucedía -relataba el periodista- parecía contagiado de la fantasía de sus novelas”. “Yo lo he pasado bien o mal, pero me encanta vivir por muy mal que lo haya pasado y por muchas putadas que me hayan hecho -le insistía Ana María Matute, pegando, en efecto, sorbitos de hasta tres gin tonics-. Vivir es bonito, ¿verdad? Porque es lo único que nos regalan”.

“Ni siquiera se encogió cuando se refería a la propia muerte -recuerda Cristóbal González-. Yo no he tenido esa angustia: aunque sepa que me quedan pocos años, la ilusión por la vida te la dan los proyectos a la vista”.

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