Entierro tumultuoso Historias de Cádiz
josé maría otero
Noviembre, mes de los difuntos, es una época propicia para recordar el entierro más multitudinario de los ocurridos en Cádiz, que no fue el de Fermín Salvochea sino el de Cayetano del Toro.
Ocurrió en enero de 1915. Cayetano del Toro, a lo largo de su dilatada vida, había ocupado infinidad de cargos públicos, destacando siempre por su honradez y dedicación. Al mismo tiempo era un prestigioso médico y oftalmólogo cuya consulta era visitada por ilustres personalidades de toda España y el extranjero. A pesar de ello, del Toro siempre mantuvo dos horas diarias de consulta gratuita para los pobres.
No es de extrañar que el día de su entierro, frente a su domicilio en la calle Tomás Istúriz, se reuniese una imponente multitud. El fallecido había ordenado la máxima modestia en su entierro, como hermano de la Santa Caridad. Sin embargo, miles de personas pugnaban por llevar su cadáver a hombros, teniendo que intervenir los guardias municipales para evitarlo. Al llegar el cortejo a la plaza de las Flores fue imposible contener a la muchedumbre. Un grupo, navajas en mano, cortó las correas de los caballos del coche fúnebre y tomó el féretro para llevarlo a hombros.
De esta manera llegó el cortejo a la iglesia San Juan de Dios, donde se rezó un responso.
Cuando terminó la ceremonia religiosa, la multitud llenaba por completo la plaza de San Juan de Dios y pedía a gritos que el cadáver de Cayetano del Toro fuera llevado al Ayuntamiento.
Pese a la oposición de los familiares, que insistían en la modestia pedida por el fallecido, el cadáver fue llevado a hombros hasta el Salón de Sesiones, donde el alcalde pronunció unas palabras.
Solo entonces pudo el cortejo seguir hasta el cementerio.
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