Chick Corea en Cádiz

A Chick no lo dejaron tocar las palmas

  • Una crónica en primera persona de la actuación del desaparecido pianista en el Teatro Pemán, en 1984, con la no improvisada presencia de Paco de Lucía sobre el escenario

Paco de Lucía y Chick Corea, en su actuación conjunta de 1984 en el Teatro Pemán de Cádiz. Paco de Lucía y Chick Corea, en su actuación conjunta de 1984 en el Teatro Pemán de Cádiz.

Paco de Lucía y Chick Corea, en su actuación conjunta de 1984 en el Teatro Pemán de Cádiz. / Joaquín Hernández Kiki

Fue en el verano de 1984, y pienso que aquella actuación no ha debido quedar en la memoria más que de unos pocos, entre los que me encuentro, como verán. El pianista de jazz Chick Corea, recientemente fallecido, tocó en Cádiz, y en el Teatro Pemán, ni más ni menos. El evento formó parte de la programación veraniega gaditana y estaba organizado por la delegación municipal de Cultura, donde ejercía Manuel González Piñero. A mí me lo había anunciado meses antes el promotor del concierto, José Luis Bueno, coleccionista de discos y cofundador del Cádiz Jazz Club, una asociación de vida efímera. Nunca supe qué quería en realidad de mí, pero lo comprendí de inmediato en cuanto llegó el día: sin pensarlo, desde la presentación que se había convocado del músico ante la prensa, me vi convertido en el intérprete del Corea, y eso ya duraría toda la tarde y la noche. Nunca pude imaginar lo que aquel inconsciente atrevimiento me iba a deparar. 

A principios de los ochenta, el músico norteamericano era bastante popular entre los aficionados, debido especialmente a sus grabaciones de jazz fusión con el proyecto Return to forever y al disco My spanish heart. Las tres eran de la década anterior, pero aquí siempre íbamos con un poquito de retraso. Se podría decir, además, que Corea tenía un cierto ascendente entre los músicos gaditanos que por entonces —momento iniciático, pero ya brillante— se adentraban en la disciplina. ‘Parachic-Parachock’ fue el título de una de las primeras composiciones del pianista Chano Domínguez, que incluyó en su disco, junto al guitarrista Tito Alcedo, Memorias (1989). El concierto había sido anunciado con un gran despliegue de cartelería, con lo que todo apuntaba a que iba a ser una gran noche, pero, llegada la hora, el Pemán era un solar: la presencia de Chick, que vino, por cierto, en formato de piano solo, había concitado el interés de no más de cuatrocientas personas, y eso tirando por alto, lo que, dada la capacidad del anchuroso teatro de verano, resultaba poco menos que deprimente. Percibí un cierto desconsuelo en el promotor y un gran cabreo en el delegado municipal. 

Puedo asegurar que el pianista, muy concentrado en lo suyo, pareció inmune al entorno y afrontó la primera parte del concierto de forma admirable, con pulcritud, excelencia y una cierta tendencia al intimismo. Cuando en el descanso se retiró a su camerino, lo acompañé y, para mi sorpresa, allí se encontraban el guitarrista Paco de Lucía y su entonces esposa, Casilda Varela. Los dos matrimonios —Corea estaba acompañado de su mujer, la cantante y pianista Gayle Moran— se saludaron muy efusivamente. «Estamos pasando unos días en Cádiz y hemos venido a saludar», me dijo Paco. Ingenuo de mí, me lo creí, pero de inmediato me di cuenta de que traía su guitarra y de que aquello no era algo improvisado. Con el tiempo supe que los dos habían estado probando sonido aquella tarde. Existe, incluso, un testimonio gráfico de ello que se puede encontrar en la red. Antes de volver al escenario, simularon discutir qué tocar juntos, pero pienso que ya estaba acordado: básicamente, el tema ‘Spain’, composición del pianista. El debate surgió cuando Corea se ofreció a tocar las palmas: todos se unieron en contra de él y le dijeron que nones, que no las tocaba. De hecho, se encargó de ello su mujer. 

Ni qué decir tiene que el momento resultó de lo más emocionante. De manera imprevista para todos los asistentes, tuvimos el privilegio de asistir quizás al primer encuentro de los dos genios sobre un escenario. Luego habría más, pero no tendrían la magia de la sorpresa, de una noche de verano en Cádiz y del detalle de que a Chick no lo dejaron tocar las palmas.

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