El fin de la reforma agraria pone en venta más de 2.300 hectáreas
Apenas queda en la provincia un centenar de colonos que en los 80 lograron la concesión para cultivar la tierra · El IARA desaparecerá y Asaja cree que "nadie derramará una lágrima por este anacronismo"
Cuando el comisario europeo de agricultura Ray Mac Sharry, conocido como Mack el Cuchillo y creador en 1992 de la Política Agraria Común, fue invitado por el sindicato agrario Asaga -hoy Asaja- a la Feria de Sevilla a finales de los 80, se llevó las manos a la cabeza en el viaje en coche por la autopista hacia Jerez. A ambos lados, crecían campos de algodón con plásticos: "Ustedes están locos. Están sobreexplotando la tierra". Por entonces, ya estaba en marcha una de las leyes históricas de la autonomía andaluza, la reforma agraria, que penalizaba, incluso con la expropiación, la infraexplotación de la tierra.
Recuerda la anécdota Cristóbal Cantos, secretario provincial de Asaja Cádiz, para ilustrar lo que supuso esa 'revolucionaria' medida para el campo andaluz. "Acabábamos de entrar en Europa y, justo en ese momento, Andalucía decidía caminar en la dirección contraria. No creo que nadie derrame una lágrima por un anacronismo a la que esta ley de punto final de la reforma agraria da carpetazo".
Así es, el decreto ley de reordenación del sector público andaluz acaba, 25 años después, con una polémica norma con la que Rafael Escuredo, entonces presidente de la Junta, incluso con la oposición del Gobierno central de Felipe González, quiso cumplir el sueño de Blas Infante de la tierra para el que la trabaja. Con este decreto, el IARA desaparece y lo hará a partir del próximo 31 de diciembre deshaciéndose de las tierras que tenía en concesión a agricultores de la provincia. Es una medida que pretende recaudar 75 millones de euros. En la provincia, serán 1.330 hectáreas las que se ofrecerán en propiedad a los 73 colonos, en régimen particular o cooperativo, que las siguen ocupando. A ellas, hay que sumar otras 900 hectáreas en las que el propietario es la Junta y que son cultivadas por la empresa pública de Desarrollo Agrario.
Sin embargo, esta medida que ventilará el símbolo del cambio del campo andaluz en los 80 no es, en absoluto, drástica. Desde hace años los colonos estaban intentando adquirir las tierras al IARA. Aquella filosofía de la tierra para quien la trabaja, que incluía en sus inicios la creación de bolsas de tierra pública para ser cultivadas, es sólo un recuerdo. "Los agricultores que han trabajado durante veinte años estas tierras quieren dejar algo a sus hijos, aunque es cierto que los hijos no siempre están interesados en seguir cultivando la tierra de sus padres", explica José Manrique, secretario de la Unión de Pequeños Agricultores y miembro de la cooperativa Fernando de los Ríos, en Rota. El es un ex colono que hace ocho años es propietario de la tierra adquirida en 1984 por la Junta a los propietarios de varios cortijos. "Aquello no fue tan traumático como en otros sitios. La Junta llegó a un acuerdo con los propietarios y pagó tierra de secano para hacerla regadío en 400.000 pesetas de la época, lo que estaba muy bien porque era un precio adecuado y, de lo contrario, serían expropiados".
Los cooperativistas de este sector de tierra de la costa Noroeste, dos lotes de 90 hectáreas repartidas entre 80 colonos, compraron en 2002 a poco más de 500.000 pesetas la hectárea y obtuvieron créditos al 3 y medio por ciento de los bancos. Aún les quedan cuatro años para pagar esa hipoteca. "Cumplimos con el banco sin demasiados agobios -explica Manrique- porque nuestros cultivos de algodón y remolacha han tenido buenas 'mochilas'". Las 'mochilas', como las llaman ellos, son las ayudas que han llegado de Europa, porque, como ya dijo Mac Sharry, lo último que quería Europa era justo lo que pregonaba Blas Infante, que, a su vez, era lo que sobre el papel, que no tanto en los hechos, pregonaba la Junta. Blas Infante hablaba del campo sojuzgado de los años 30. En los 80 jornaleros sin trabajo afiliados al SOC tomaban las fincas y reclamaban una salida para no tener que abandonar sus pueblos. Tantas cosas han cambiado desde entonces...
Todavía faltan muchos colonos por adquirir la tierra y, según Manrique, "yo creo que todos lo harán porque lo llevan intentando desde hace años. Ya han pagado parte del canon y es la inversión de su vida". Sobre las condiciones, calcula que serán similares a las que ellos tuvieron para acceder a la propiedad y tampoco cree que haya problemas con la financiación. "La Junta facilitará en lo posible ese paso y ya hemos hablado con los bancos, que ven con buenos ojos la operación. Los bancos saben que la gente de campo paga".
Cristóbal Cantos, de Asaja, no es tan optimista porque "ahora mismo en el campo la capacidad financiera es la que es, después de muchos años de ir tirando, de crédito sobre crédito. En ese sentido, no veo a la Junta en el momento de liberar patrimonio para financiar su adquisición. Esperamos que se den todas las facilidades".
Así lo ha declarado la consejera de Agricultura, Clara Aguilera, que anuncia ayudas para los colonos que quieran acceder a la propiedad y dinero por la mejora de las explotaciones a quienes decidan abandonar. Ha afirmado que esta medida no es para ingresar dinero, sino por el curso de los tiempos: "El campo andaluz no es el de hace treinta años y hay medidas de la reforma agraria que ni tienen contenido ni se usan".
Enrique Pérez pertenece a la cooperativa La Verde, en Villamartín, un ejemplo de agricultura ecológica y de innovación en la distribución y comercialización. La Verde se instala sobre terrenos de la Confederación, no del IARA, pero Enrique Pérez, como miembro del movimiento cooperativo del SOC, formó parte en su día de la junta provincial de la reforma agraria. "Lo que queríamos y demostramos es que éramos gente que queríamos trabajar, pero muy poco de aquella reforma agraria se llevó a cabo. Para empezar, se puso muy poca tierra a disposición de los trabajadores. Ni la Junta tenía dinero para hacerlo ni desde Madrid se estaba de acuerdo con lo que se estaba haciendo aquí. Todo se diluyó y quedó en un pequeño remedo de aquella gran reforma".
Con el paso del tiempo, Pérez, que ya no es un veinteañero revolucionario que clamaba por la tierra para quien la trabaja, reflexiona: "Los de Cádiz, dentro del SOC, no éramos tan radicales como otros compañeros que querían tomar las fincas y trabajar en ellas sin más, sin dar nada a sus propietarios. Y con el tiempo también nos dimos cuenta que el enfoque no era adecuado, que no se trataba de tierra y más tierra, que se vio que era lo contrario a lo que pretendía Europa... de lo que nos dimos cuenta era de que la auténtica reforma que necesitábamos tenía mucho más que ver con la formación y la comercialización".
Ahora cooperativas que fueron punteras en su día dentro del movimiento obrero del campo, como la propia La Verde, o El Indiano, en Puerto Serrano, están en la punta de lanza de una comercialización novedosa de sus productos, muchas veces trabajando puerta a puerta el punto de venta para convencerles de la existencia de un producto diferenciado. Calidad, no cantidad. "La agricultura no se puede ver como hace 30 años, pero si en su día no hubiera nacido esta cooperativa, jóvenes como yo tendríamos que habernos ido fuera a buscar el trabajo", concluye Pérez.
Y por eso la reforma agraria pasa a la historia en Andalucía dejando un buen número de nuevos propietarios que pondrán en manos de sus hijos el futuro de las tierras que en su día se consideraron improductivas. Quizá esos hijos ya no sigan trabajándolas. Para Cantos, la reforma "fue un engaño a la sociedad andaluza que sirvió para apalancar el PER y sistemas corruptos deformes". Para La Junta, modernizó el campo andaluz. Sea lo que fuera, ya forma parte del pasado.
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