"Le di en el pecho y ya sólo recuerdo la víctima a mis pies y llena de sangre"
Unai Larraga admite que apuñaló a Manuel Pereira y asegura que no sabe explicar qué sucedió luego, cuando el herido intentó huir y fue repetidamente acuchillado · El fiscal pide 18 años por asesinato
Unai Larraga, de unos 26 años de edad, admitió ayer en la Audiencia Provincial de Cádiz, ante el jurado, que la tarde del 30 de octubre de 2010 apuñaló a Manuel Pereira en el domicilio de éste, en San Fernando. Pereira falleció tras ser repetidamente acuchillado. Pero el procesado dijo ayer que sólo recuerda haber dado la primera puñalada. Que lo que sucedió después no lo recuerda, no lo sabe explicar. La siguiente escena de la que tiene conciencia la describió así: "Recuerdo a la víctima a mis pies y llena de sangre".
El juicio por la muerte de Manuel Pereira, funcionario del Ayuntamiento de San Fernando, de unos 45 años de edad, comenzó ayer en el Palacio de Justicia de Cádiz. El acusado declaró esposado. Está encarcelado desde que cometió el crimen. Fue detenido poco después, en la azotea de un edificio. El fiscal solicita para él 18 años de prisión por un delito de asesinato.
La versión que dio ayer fue que conoció a Pereira a través de un chat al que se conectó mientras permanecía unos días en San Fernando, en un hostal en el que se alojaba. Unai dijo que sabía que Pereira era homosexual, entre otras cosas porque su nick era gay san fernando. "No tengo nada en contra de los gays", anotó. Así que quedó con él para ir por la noche de fiesta, a divertirse. Se vieron frente al hostal y entonces Pereira le propuso ir a su casa a tomar unas copas mientras llegaba la noche, la hora de ir de fiesta.
Unai dijo que aceptó y que fueron para allá. Pero que en el ascensor, Pereira le dio "un pico". Un beso en los labios, precisó a petición del fiscal.
El joven explicó que él se quedó extrañado. Pero que subió a la casa. Que entraron, se sentaron en la sala de estar, Pereira puso música y él se fue luego al baño. Cuando salió, Pereira lo llevó a una habitación. Él creía que era para enseñarle algo. Aunque Pereira estaba sin camisa.
Fue entonces, dijo Unai, cuando Pereira comenzó a abrazarlo, a besarlo. Y a tocarlo: a acariciarle "la espalda, el culo, el paquete...". "El paquete son los genitales", le apuntó el fiscal. "Sí", respondió el procesado.
"Entonces yo lo empujo. Me siento aterrorizado. No me gusta lo que está pasando. Me libro de él. Saco la navaja y le doy en el pecho. Luego no sé explicar qué pasa. No lo recuerdo".
Desde el dormitorio, Pereira se fue hacia la puerta de su vivienda. Huía. El procesado fue tras él, lo alcanzó y le propinó unas cuantas puñaladas. El fallecido tenía más de cuarenta cortes o heridas, comentó ayer el fiscal en su intervención ante el jurado, antes de la declaración del acusado.
¿Qué sucede desde que le da usted la puñalada en la habitación hasta que están en la puerta de entrada a la vivienda?, le preguntó el fiscal a Unai. "No lo sé", repitió el acusado. "Lo siguiente que recuerdo es a la víctima a mis pies y llena de sangre", aseguró.
Unai dijo que sí recordaba que entonces pensó en correr: "Donde sea, me da igual, lejos... No quiero quedarme allí. Me horroriza". Pero no sale usted por la puerta de la casa, le apuntó el fiscal. ¿Por dónde sale? "No lo sé".
El fiscal había relatado que Unai escapó de la vivienda por una ventana y que fue detenido al poco en la azotea de un edificio. Tenía la navaja en el bolsillo.
¿No se planteó, al saber que Pereira era homosexual, lo que podía suceder si iba con él a su casa?, le preguntó el fiscal al procesado. "No, no me lo esperaba".
Unai le dijo luego a su abogado defensor que en su día lo habían expulsado del Ejército por problemas psiquiátricos. Tenía problemas de autocontrol, dijo. Agregó que estuvo en tratamiento psiquiátrico después, hasta 2005 o 2006 en que lo dejó.
También explicó, a preguntas de su abogado, que estaba "tenso" a partir de la escena del ascensor, del beso que sostiene que le dio Pereira. Y que los recuerdos de los momentos en la casa de la víctima le vienen como flashes.
Unai compró la navaja con la que apuñaló a Pereira en una tienda de San Fernando la mañana del crimen. La quería, dijo, para protegerse, para darse seguridad, por miedo.
Unai llegó a La Isla días antes de su cita con Manuel Pereira. El 18 de octubre se alojó en un hostal. Dijo que permaneció allí unos días sin salir para nada. Luego comenzó a ir a comprar pan y a hacer otros recados. Se encontraba "agobiado y aburrido", explicó. El día 30, contactó y se citó con la víctima.
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