Grazalema vuelve a casa: "Solo quiero recuperar mi rutina, mi vida"
El pueblo empieza a recobrar la normalidad poco a poco con el regreso de los vecinos once días después del desalojo causado por las inéditas lluvias: "Aquí hay Grazalema para rato"
Las imágenes del retorno de los vecinos de Grazalema a sus casas después de once días desalojados
Once días después de que una borrasca de magnitud inédita hasta para el pueblo en el que más llueve de toda España pusiera patas arriba sus vidas, los vecinos de Grazalema –la mayoría– regresaron este lunes a sus casas con un único deseo en mente: volver a la normalidad lo antes posible. Para eso, claro, todavía tendrán que pasar varios días, lo saben. Queda mucho trabajo por hacer en un pueblo que ha estado cerrado a cal y canto a la espera de que la situación se normalizara. Y una zona –la más castigada– sigue acotada sin que se pueda entrar aún en las casas.
Pero estar ya de vuelta después de todo lo pasado en estas últimas dos semanas y poner fin a esa incertidumbre de no saber qué iba a pasar con sus hogares, con todas sus cosas, es mucho. Sobrellevar eso –aseguraban– ha sido lo más duro en este tiempo. Era casi imposible quitarse ese miedo de la cabeza, ese no sé qué me voy a encontrar cuando vuelva... Así que muchos suspiraron verdaderamente aliviados al echar al fin mano a las llaves para abrir de nuevo las puertas de su casa, ese momento exacto que habían estado esperando durante once días: "Estamos en casa... y estamos vivos. No hay nada más importante que eso", decía Reme, que no podía evitar que se le escapara alguna lágrima al recordar ese 5 de febrero en el que tuvieron que dejarlo todo y salir deprisa y corriendo. "Cuando en estos días me venía abajo –porque es normal que eso pasara– siempre pensaba eso, que estamos vivos. Y eso es lo más valioso, lo demás tiene arreglo".
Su cuñada, Isabel, se aloja con ella porque su casa está dentro de la zona a la que todavía no se puede acceder. Fue de las primeras en ser desalojadas el día de la alerta roja. Primero a la Villa Turística, luego al hotel El Fuerte y al final a Ronda. Ha sido de las que ha ido a diario al pabellón. "No ha habido desgracias. Y aquí las mujeres enseguida nos ponemos a pintar las casas y verás que pronto está todo bien, estamos acostumbradas", apunta con una gran dosis de optimismo.
Animados por el regreso y eternamente agradecidos por la solidaridad de los pueblos vecinos pero también bastante cansados por la presión de estos días, algunos de los vecinos evitaban con amabilidad a los numerosos periodistas y medios de comunicación que ayer tarde deambulaban en el pueblo para informar de la noticia del día: "Ahora no, por favor... Es que acabamos de llegar y mira como tenemos la casa". Trajinando maletas, bolsas, descargando el maletero del coche, limpiando frigoríficos que dejaron llenos de comida que se ha echado a perder por completo... Mientras, un par de drones sobrevolaban el pueblo, la Guardia Civil vigilaba el perímetro de la llamada zona de exclusión y los geólogos y especialistas que examinan las entrañas del acuífero se daban cita en la plaza del Ayuntamiento, en cuyo balcón pende una pancarta de bienvenida. La actividad regresaba a Grazalema poco a poco, con calma. Según la Junta de Andalucía, se esperaba que 8 de cada 10 grazalemeños regresara ayer a su casa. Se había autorizado a lo largo de la mañana el acceso a 1.342 de los 1.619 inmuebles que tiene el municipio. Pero también volvieron algunos de los vecinos que residen en la zona que sigue acotada, que encontraron alojamiento en casas de familiares. Lo cierto es que la mayoría no se lo pensó demasiado. En cuanto que conocieron que tenían luz verde para volver al pueblo hicieron las maletas.
José Luis ‘El Pelegrino’ –"me dicen así, era el mote de mi padre"– señalaba a su casa en la calle Las Piedras. Es de las que se ha quedado dentro de la zona de exclusión. "El agua reventó por ahí y por allí", explica señalando a unos puntos. "No paraba de salir". Tuvieron que irse el mismo día de la alerta roja. No sabe aún en qué estado está su casa: "No he podido entrar aún", afirmaba mientras observa las ventanas de su casa.
Curiosamente, en la misma calle Las Piedras, las casas de la acera de enfrente sí se han quedado fuera del precinto. La valla, de hecho, separa en dos al pueblo. "Supongo que hemos tenido suerte", decía Manuel Iván, cuya vivienda queda al otro lado. Paqui abría también las puertas de una antigua finca del pueblo que ha resistido como una campeona. Las casas antiguas están hechas de otra pasta, comentaba con cierto deje de orgullo. En la planta baja se notaban los efectos del temporal, las losas levantadas por el agua, el patio lleno de tierra, el sofá y algunos muebles en alto para evitar que se mojaran.
A tan solo unos metros, en el bar Grazalema Plaza se afanaban también en poner orden en este céntrico establecimiento de la localidad: "Si puedo abro mañana mismo ya, aunque sea solo para poner cafés", explicaba el dueño, Miguel Ángel. Le inquieta el impacto que tendrá en la hostelería y en el turismo el estado de las carreteras para acceder al pueblo, pero tampoco tiene dudas: "Aquí hay Grazalema para rato". Su preocupación en estos días ha sido doble: su casa y su negocio. "Y nos fuimos sin poder cerrar la puerta del local porque se hinchó la madera. Yo vivo aquí desde chico pero nunca he visto llover así".
Unas calles más arriba del pueblo, Mari Carmen abrazaba a su nieto, Unai, en la puerta de su casa. Acababa de llegar de Ronda, donde se ha alojado en casa de su yerno. "Lo he pasado muy mal pensando en esto. Ha sido duro, irse después de casi 70 años, no saber cuándo se iba a poder volver, no saber qué nos íbamos a encontrar aquí al volver...".
"Lo único que quiero es volver a mi rutina: ir al trabajo, llevar mi casa...", resumía también Noemí, que este martes retoma ya su trabajo como limpiadora en el Ayuntamiento. No pide más, como todos los vecinos de Grazalema. Lo único que quieren es recuperar sus vidas.
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